Entrar Via

Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 10

Andruw Di´Marco.

El imponente edificio de la compañía de mi primo se erguía frente a nosotros como una bestia de acero y cristal.

Cuando atravesé el vestíbulo me recibió el usual ajetreo que tanto caracterizaba a este lugar. Los empleados de mi primo trabajaban con la eficiencia de un reloj suizo, y eso se evidenciaba en la absoluta perfección que reflejaba la empresa en cualquier rincón al que miraras.

— Bienvenido doctor Di´Marco — saludó la mujer de recepción, cuyo nombre no lograba recordar. Yo solo di un leve asentimiento de cabeza como señal de reconocimiento mientras dirigía mis pasos hacia el ascensor, el cual, para mi fortuna, no tardó demasiado en llegar a planta.

Cuando lo abordé sentí que mi corazón comenzó a latir de forma irregular, gracias a la anticipación de imaginar cómo mis amigos se tomarían la noticia que estaba a punto de soltarle. Los minutos que tardó el ascenso se sintieron como una jodida eternidad. Y con cada segundo mi expectativa no hacía más que aumentar.

Cuando las puertas se abrieron en el antepenúltimo piso, donde se encontraban las oficinas de los altos ejecutivos. Los empleados comenzaron a hacer reverencias respetuosas, saludándome con amabilidad. Y cuando finalmente mi mano se posó sobre el picaporte de la puerta de la oficina de Adrián, no pude evitar que una sonrisa de completa felicidad se dibujara en mis labios.

«Tengo un hijo»

Las palabras resonaron en mi cabeza, como si las estuviera ensayando antes de pronunciarla en frente de mi familia. Mi sonrisa se ensanchó, mientras sentía esa calidez inusual volver a invadir mi pecho. En otras circunstancias hubiese pensado que estaba a punto de darme un paro cardiaco, pero en estas, sabía que esa sensación solo podía significar felicidad.

La felicidad de por fin estar formando la familia que tanto desee.

La felicidad de por fin sentirme más realizado de lo que nunca me había sentido.

— ¡Hola, familia! — salude cuando ingrese a la oficina con esa alegría desbordante que parecía haberme abandonado hace mucho tiempo.

Elizabeth, nuestra mejor amiga de la infancia, arqueó una ceja de forma muy marcada. Ramsés bufó, murmurando algo sobre que estaba enloqueciendo y Adrián… Adrián esbozó la sonrisa más radiante que le había visto en meses como si, sin la necesidad de pronunciar palabra alguna; ya supiera que yo acaba de recibir la noticia que me convertía en el hombre más feliz sobre faz de la tierra.

— Supongo que recibiste buenas noticias — dijo Elizabeth, poniéndose de pie y sonriendo con complicidad.

— Mucho más que eso, Eli. Mucho más que eso — respondí, cortando la distancia entre nosotros para sujetarla entre mis brazos, haciéndola girar en el aire. Elizabeth soltó una carcajada de pura diversión. Unos segundos después la deje sobre sus pies y le di un beso en la frente, un gesto cariñoso que ya era habitual entre nosotros.

Con Ramsés solo intercambiamos una palmadita simple en el hombro mientras que Adrián me dio un abrazo fuerte.

— ¿Qué? ¿Te ganaste la lotería? — preguntó Adrián, mi primo, mientras pasaba su brazo sobre mi hombro de forma casual.

— Algo mejor que eso, primo. Ramsés, ¿Qué tal si sirves whiskey para celebrar? — sugerí. Ramsés me miro con cierta desconfianza, pero igual se movió para servir los vasos de whiskey, los cuales entrego uno a cada uno de nosotros — brindemos — pedí, levantando ligeramente mi vaso.

Ramsés y Elizabeth le dedicaron una mirada interrogante a Adrián, quien, como respuesta, se encogió de hombros. Indicándoles que no tenía ni idea de porque estaba tan extrañamente feliz.

— ¿Por qué brindamos? — indagó Elizabeth, llevándose su vaso a la boca para darle un pequeño sorbo a su bebida.

Sentí mi sonrisa ensancharse, tirando de mis mejillas.

— ¡Porque tengo un hermoso hijo! — solté de golpe, sin preámbulos ni suavizantes.

La reacción fue inmediata. Elizabeth se atraganto con su whiskey. Ramsés lo escupió como si fuera una regadera de jardín y Adrián comenzó a toser mientras se daba toquecitos en el pecho mientras intentaba recuperar la compostura. Yo por mi parte solté una sonora carcajada, divertido con la situación.

— Espera. ¿Dijiste: tienes? No vas a tener. ¿Tienes? — inquirió Elizabeth, limpiándose con un pañuelo que Adrián, después de calmar su ataque de catarro, le había alcanzado.

— Así es — asentí, ocultando mi sonrisa con el borde del vaso de cristal — se llama Liam, tiene 6 meses.

— 6 meses — repitió mi primo. Como si intentara dimensionar el verdadero significado de esa medida de tiempo — fue cuando Melissa te drogó — aseguró, no pregunto.

— Así es…

— No me digas que… — intervino Elizabeth.

— No. Primero muerto que volver a enredarme con esa arpía — le corté, sabiendo que iba a preguntar si acaso Melissa era la madre de mi hijo. ¿De verdad me creía tan estúpido como para volver a caer en esas garras? Uy, no.

— Entonces ¿Quién es la madre? — intervino por fin Ramsés.

— Eso no importa — la respuesta vino de Adrián — lo importante aquí es que sumamos un nuevo miembro a nuestra familia. Y estamos muy felices por Andruw. ¿Cierto?

Capítulo 10: Compartiendo la felicidad. Parte 2. 1

Capítulo 10: Compartiendo la felicidad. Parte 2. 2

Capítulo 10: Compartiendo la felicidad. Parte 2. 3

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo