Scarlett Valenti.
El reloj ya marcaba las 7 de la mañana y yo todavía daba vueltas en la cama, después de una larga noche de insomnio. No podía creer que en cuestión de unas pocas horas me convertiría en una mujer casada.
«Casada»
La palabra se repitió en mi cabeza como algo tan ajeno que no parecía real, haciéndome sentir atrapada en una mala comedia romántica. Donde el protagonista millonario acorrala a la pobre chica hasta obtener lo que desea y no pude evitar preguntarme ¿en qué momento mi vida se había convertido en este estúpido circo?
No lo sabía, pero permanecer en la cama no iba a darme las respuestas, ni la fuerza que necesitaba para no derrumbarme.
Así que, con la mejor actitud del mundo, salí de la cama. Tenía un montón de cosas que hacer antes de que Andruw Di´Marco cumpliera su amenaza de venir a buscarme para ir el bendito juzgado a firmar la condena que él llamaba matrimonio.
Me apresuré a lavarme la cara, los dientes y cepillarme el cabello antes de dirigirme a la cocina para comenzar a preparar el desayuno antes de que Liam se despertara. Huevos y pan tostado para mí, un poco de fruta para él.
Ni siquiera tuve tiempo de partir el primer huevito cuando el timbre comenzó a sonar insistentemente. Deje caer la cabeza contra la alacena superior mientras murmuraba:
— He embocado al diablo con solo pensar en él…
Me dirigí hacia la puerta, arrastrando los pies y haciendo pucheros aguantando la frustración que sentía. ¿Por qué tenía que estar este hombre aquí tan temprano? ¿tantas ganas tenía de comenzar con mi sufrimiento que ni siquiera podía esperar que pasara la hora de desayuno antes de aparecer a atormentarme?
Vaya fue mi sorpresa al abrir la puerta y encontrarme con una imagen totalmente diferente: una mujer, alta, esbelta, con largo cabello rojo y ropa que gritaba fortuna. Sin siquiera esperar que la invitara a pasar o al menos preguntara que deseaba, la mujer me dio un leve empujón, apartándome del camino e ingresando a mi hogar.
Miró todo a su alrededor haciendo una mueca de desagrado que ni siquiera intento disimular. Me estremecí cuando sus ojos se posaron en mí, haciéndome sentir inferior cuando su mirada me recorrió de arriba abajo.
— Andruw sí que ha caído muy bajo — aseguró con un tono de desprecio que, en otras circunstancias, me hubiese hecho temblar. Pero no ahora, que todas mis alarmas se habían disparado ante la simple mención del nombre de mi futuro esposo.
— ¿Qué quiere, señora? — pregunté, cruzándome de brazos y levantando la barbilla. Mostrando una entereza que ni siquiera sabía que podía poseer.
— Algo muy simple. Y te lo diré una sola vez: aléjate de mi marido — sacó un fajo de billetes y me lo arrojo a los pies — Andruw es mio, y en esta historia tú sobras.
Por un instante sentí que mi mundo se tambaleó. ¿Su esposo? ¿Andruw y ella estaban casados?
¡No!, ¡Imposible! Si así fuera Andruw no me hubiese pedido que me casara con él… no podría o de lo contrario ¡nuestro matrimonio sería ilegal!
— Le pido por favor que salga de mi casa — le dije, sin poder dejar de sentir mi corazón latiendo con demasiada rapidez. Miles de preguntas dando vueltas en mi cabeza haciéndome sentir que el mundo comenzaba a girar.
— No lo hare. No hasta que me firmes este documento donde acuerdas alejarte de MI marido.
Una vez más esta mujer aseguraba que Andruw era suyo, y una vez más, mi corazón parecía saltarse un latido solo por escuchar que él le pertenecía a alguien más. Solo por ver ese documento que me alejaría de él para siempre.
— ¿No lo sabías? ¿Qué Andruw está casado? Conmigo — levanto la mano izquierda, mostrándome la argolla de matrimonio que brillaba en su dedo.
— No puede ser, él dijo que… — mi voz fue un susurro apenas audible. La mujer frente a mi soltó una risita burlona.
— ¿Qué te dijo? ¿Qué iban a ser felices y a formar una familia? Por favor, él lo único que quiere de ti es a ese mocosito que aseguras es su hijo…
«Liam»

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