Andruw Di´Marco.
Me consideraba un hombre paciente, pero cuando llevas más de 15 minutos esperando a alguien y este alguien no aparece, es lógico comenzar a perder los estribos.
Estaba afuera de la librería desde hace más de 20 minutos. Recostado del capó de mi auto con los brazos y tobillos cruzados mientras esperaba que Scarlett se dignara a aparecer. Pero a esa mujer parecía que se la había tragado la tierra.
Miré mi reloj de muñeca por quinta vez desde que había llegado. Ya las manecillas marcaban las 9:35 de la mañana. Nuestra cita en el juzgado estaba programada para las 10 am, así que si no partíamos de inmediato llegaríamos tarde. Y la impuntualidad era algo que yo no podía permitirme. Por lo que decidí que esperar sentado ya no era una opción. Subiría yo mismo a buscarla.
Así que, enderecé mi postura, acomode las mangas de mi traje con un gesto arrogante y me encamine hacia la librería, la cual había que atravesar para subir al pequeño departamento de Scarlett. La campanilla sonó apenas abrí la puerta, provocando que las miradas se posaran en mí.
Ignoré a todo el que se cruzaba en mi camino y mientras subía las escalerillas hacia el piso superior solo podía pensar en que tenía que sacar a Scarlett y a mi hijo lo antes posible de aquí. ¡Este lugar era demasiado inseguro! Así como yo estaba subiendo sin que nadie me detuviera siquiera para preguntarme hacia donde me dirigía, podría hacerlo cualquiera. Y ese cualquiera podría terminar siendo alguien muy peligroso.
Al llegar a la segunda planta me dirigí directamente hacia el apartamento de Scarlett. Era la segunda puerta a la izquierda. Lo sabía porque lo había investigado. Así como también sabía que en este lugar solo vivían Scarlett, la viejecilla de la librería y el hijo de esta, un vago de treinta y tantos años que no hacía más que refugiarse entre las faldas de su madre. Y que, para su desgracia, parecía estar interesado en Scarlett.
Cuando estuve frente a la puerta del departamento de Scarlett, di un par de golpecitos a la madera. Conteniendo el impulso de derribar la maldita puerta y entrar para sacarla cargada sobre mi hombro como si fuera un jodido costal de papas. Lo menos que quería era asustarla, así que mi instinto cavernícola debía permanecer sepultado bajo mi personalidad de caballero inglés.
Pasaron alrededor de 5 minutos en los que no obtuve respuesta alguna de la madre de mi hijo. Respiré profundo en un vano intento de controlar el estrés que comenzaba a invadirme.
«Recuerda que eres un hombre de paciencia infinita»
Me dije a mi mismo. Pasando una de mis manos por mi cabello. Intentando controlar el estrés que sentía. Luego di un par de puñetazos más en la madera, esta vez con un poco más de fuerza.
— Scarlett, soy Andruw. Llegaremos tarde — dije, con la esperanza de que si estaba allí adentro me escuchara y saliera. Solo esperaba que este no fuera algún episodio de niña malcriada.
— Ella no está — escuché de pronto una voz femenina que solo podía pertenecer a la anciana. Me giré de inmediato, encontrándola de pie junto a las escaleras, como si acabara de subir, quizás siguiéndome — alrededor de las 7:30 de la mañana vino una mujer. Discutieron por unos minutos, un rato después Scarlett estaba saliendo con una mochila a cuestas y con el bebé en brazos — dijo. Demasiado específica, demasiado detallada. Como si siempre la estuviera vigilando.
Y debo admitir que sus palabras me cayeron como un balde de agua fría. Provocando que por un instante la sangre se me congelara en las venas.
— ¿Tiene idea de a donde pudo ir? — pregunté, con la mísera esperanza de obtener alguna pista de adonde Scarlett se había llevado a mi hijo.
— No. ¡Y si usted la va a buscar dígale que así se largue antes de tiempo, tiene que pagarme todo el mes de renta! ¡tenemos un acuerdo y no puede quebrantarlo! — el tono de voz de la mujer cambio. Tornándose mucho más amargo y disgustado. ¿De verdad iba a pelear por un miserable mes de renta?
Sin pensarlo, saqué mi cartera y tomé todos los billetes que tenía en ella. Se los entregué con un gesto brusco.


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