Scarlett Valenti.
¡Estúpida y mil veces estúpida!
¿Cómo se me había ocurrido confiar en un hombre como Andruw Di´Marco?
¿Cómo rayos había creído en sus promesas en cuanto a una vida mejor para Liam?
¡Claro! Él quería darle una vida mejor. ¡Una de la cual ya no formara parte!
¿Qué pretendía? ¿Criar a mi hijo con la muñeca de plástico que tenía como esposa?
Estaba furiosa. ¡No! Furiosa no, ¡lo que se sigue! Si ese hombre se atravesara en este momento en mi camino ¡lo mataría! Si, lo mataría, no sé cómo, pero lo haría.
— Tu padre es un mentiroso — murmuré para Liam, a quien llevaba dormido contra mi pecho. Me dolía sacarlo de su hogar de esta manera, pero sabía que si quería mantenerlo conmigo debía poner la mayor distancia posible entre su padre y nosotros.
Lo abracé con un poco más de fuerza sintiendo una nueva punzada de culpa instalarse en mi pecho, murmuré.
— Perdóname hijo. Por no hacer más que fallarte — una lágrima rebelde escapo de mis ojos. La limpie con rabia. ¡Andruw Di´Marco no se merecía que lloremos por su causa! Es más ¡no se merecía ni siquiera un mal pensamiento de mi parte! ¡a partir de ahora ese hombre estaba muerto y enterrado para Liam y para mí!
Respire profundo, dejándome caer en la banqueta de la parada de autobús cuando llegue a esta. Miré a mi alrededor y un escalofrío recorrió mi espalda, aunque no supe discernir si se debía al frío de la mañana o a la aterradora soledad que abundaba en el lugar.
— Quizás debí tomar un abrigo — me dije, sin poder evitar hacer un puchero al pensar en todo lo que había dejado atrás. ¡Me había costado tanto tener mis cositas! Que dejarlas atrás se sentía como una pérdida irreparable.
«Una pérdida irreparable sería permitir que rompan el corazón de tu hijo»
Me recordó la voz de mi cabeza y sabía que tenía razón. Mi prioridad era y siempre debía ser Liam. Lo material podría recuperarlo. Con Liam, si lo llegaba a perder, no podía hacerlo.
Mientras estaba en mi diatriba mental, llego el primer autobús y fue entonces que la realidad me golpeó, paralizándome.
¿A dónde iría?
La pregunta me golpeó con la misma fuerza que lo habría hecho un puñetazo.
No tenía familia. No tenía amigos. No tenía dinero.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo