Andruw Di´Marco.
Mantuve a Scarlett cerca de mí.
Mi brazo rodeando su hombro en un ademán protector mientras la guiaba hacia el auto, donde Adrián ya nos esperaba con la puerta trasera abierta. Noté como Scarlett lo miraba, frunciendo ligeramente el ceño antes de desviar sus ojos hacia mí, como si reconociera el parecido entre nosotros, pero no dijo nada al respecto.
La ayude a subir y acomodarse en el asiento trasero. Cerré la puerta en el momento en que un oficial de policía se acercó a nosotros.
— Necesitare que la chica brinde declaraciones — informó, intentando mirar por la ventanilla, hacia el interior del auto.
— No, no lo necesita — respondí, interponiéndome en su camino para que dejara de intentar reconocer a Scarlett y a nuestro hijo.
— Dr. Di´Marco es importante que…
— No permitiré que someta a mi esposa a esto. Ella y mi hijo acaban de vivir un evento traumático. Lo único que quiero es llevarlos a casa y asegurarme de que estén bien — lo mire directamente a los ojos, desafiándolo a llevarme la contraria — ¿usted se hará responsable si, a raíz de este incidente, algo le ocurre a mi pareja o a mi bebé?
El oficial trago grueso, entendiendo la magnitud del problema en que podría meterse si se atrevía a desafiar a alguien como nosotros.
— Pensándolo bien… con las declaraciones de los testigos y la de su primo basta. Dr. Di´Marco, no se preocupe — respondió, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que su voz no titubeara.
Odiaba hacer esto. Odiaba valerme de mi legado, de mi apellido, para salirme con la mía, pero a veces, en situaciones como esta, era necesario hacerlo.
— Le agradezco enormemente su colaboración, oficial — dije, extendiendo mi mano para darle un apretón firme.
Después de eso el oficial se alejó, comenzando a dar órdenes a su equipo de inútiles. Ahora si querían venir a joder con las malditas declaraciones, pero ¿en dónde estaban mientras ese loco mataba a una mujer? ¿Dónde estaban mientras amenazaba a Scarlett con un arma?
Adrián debió notar mi mirada asesina sobre los policías, porque se acercó, dándome un par de palmaditas en el hombro, recordándome que debía mantener mi atención en algo mucho más importante: Scarlett y mi hijo.
— Yo me encargare de limpiar todo aquí — aseguró, apretando ligeramente mi hombro — ya le pedí a mi chofer que los lleve a la mansión. Elizabeth estará esperándote para ayudarte con la chica, probablemente se sienta más cómoda lidiando con alguien que luzca menos amenazante de lo que tú luces ahora.
Fruncí el ceño. ¿Qué rayos estaba insinuando? Adrián me dedico una sonrisa burlona.
— Ve con ellos Andruw. Tienen mucho de que conversar, el resto del mundo puede esperar.
— Gracias, primo. Por todo — agradecí, dándole un abrazo fraternal y palmeándole la espalda — De verdad. No sé qué habría hecho sin ti.
— Ve — me dio un leve empujón hacia el auto. No tarde ni un segundo en abordar. Noté como Scarlett se tensaba en el momento en que me senté junto a ella.
— ¿De verdad estas bien? — pregunté, recorriéndola con la mirada. Temiendo que pudiera tener una herida que no estuviera visible. Tendría que revisarla a ella y al bebé apenas llegáramos a la mansión.
— Lo estoy… al menos físicamente — respondió. Yo asentí, no muy convencido.
Esperamos un par de minutos para que el chofer ocupara su lugar frente al volante y pusiera el auto en marcha, sumergiéndose en el tráfico de la ciudad.
Durante todo el camino no fui capaz de quitarle los ojos de encima a Scarlett, quien se mantenía recostada de la ventanilla, cerraba los ojos por momento y luego los abría abruptamente, como si estuviera luchando contra el agotamiento físico y mental que toda esta situación le había dejado.
— Andruw, es hermoso — dijo, con un hilillo de voz en el que no podía disimular su emoción, la vi levantar las manos como si quisiera cargarlo, pero rápidamente las retiro, juntándolas sobre su pecho.
— ¿Quieres cargarlo? — ofrecí. Los ojos de Elizabeth se iluminaron.
— ¿Puedo? — la pregunta, acompañada de ojos suplicantes, no fue dirigida hacia mí, sino hacia Scarlett. Quién acepto, asintiendo con un leve movimiento de cabeza.
Elizabeth no dudo. Lo tomo en brazos de inmediato. Al principio Liam la miro con desconfianza, pero al menos no lloró ante el rostro desconocido.
— Se parece mucho a ti, Andruw — aseguró Elizabeth. Observando los expresivos ojos grises del niño, herencia indiscutible del clan Di´Marco.
— Así es. Imposible negar quien es su padre — dije sin pensarlo y Scarlett se encogió en su lugar, avergonzada, probablemente lidiando con la culpa que sentía por haber intentado negarme a mi hijo, no le di importancia tan solo pedí que entráramos a la casa. Señalando la puerta con una mano mientras, una vez más, posaba la otra en la espalda baja de Scarlett.
Ingresamos en completo silencio hasta la sala de estar, donde la madre de mi hijo tomo asiento en el sofá principal, juntando las manos sobre su regazo y agachando la cabeza.
Elizabeth ocupo uno de los sofás individual, manteniéndose relativamente alejada del caos que sabía estaba por venir. Acomodo a Liam contra su pecho, el niño no dejaba de mirarla como si intentara descubrir quién era, incluso le tocaba el rostro con sus manitos llenas de baba. Elizabeth parecía fascinada.
Yo por mi parte me senté frente a Scarlett, observándola en completo silencio por lo que pareció una eternidad. Ella ni siquiera se atrevía a levantar la cabeza mientras sus manos retorcían el borde de su camisa, y supe que estaba esperando mi reacción. Temiendo. Pero no tenía claro si temía a mis preguntas o a las suyas propias.
Respiré profundo y por fin hablé:
— Creo que me merezco una explicación — dije, y el ambiente pareció cargarse de una energía extraña. Como si hasta el aire a nuestro alrededor entendiera que un nuevo caos estaba a punto de comenzar.

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