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Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 18

Scarlett Valenti.

Esto tenía que ser una broma. ¿De verdad él me estaba pidiendo explicaciones a mí? ¡Por el amor de Dios!

Sin poder controlarlo una risita cargada de ironía escapo de mis labios, mientras sentía una sensación extraña crecer en mi interior, una mezcla de rabia y algo mucho más oscuro que no me atrevería a nombrar.

— ¿De verdad no tienes ni idea de porque quiero alejarme de ti?

— Ilumíname, Scarlett — cruzo las piernas y entrelazo los dedos sobre su rodilla, clavando su mirada en mí.

— ¡Porque tienes esposa! — le dije, mi voz subiendo un par de decibeles. Andruw arqueó una ceja de forma marcada.

— En realidad… debería haber tenido una desde hace… — miro su reloj de muñeca con esa actitud arrogante que lo hacía ver tan endemoniadamente atractivo, pero también tan malditamente exasperante — hace poco más de dos horas. Claro, pero como decidiste huir…

Dejo la frase flotando en el aire. Me levante de golpe, sintiendo como la rabia se convertía en una llamarada que amenazaba con incendiar todo en mi interior.

— ¿Entonces quien es Melissa? ¿y por qué demonios lleva en su dedo un anillo con su nombre grabado junto al tuyo? ¿y acompañado de una bonita fecha? ¿Ah? ¡¿crees que soy estúpida?!

Sus ojos se oscurecieron y su ceño se frunció ligeramente haciéndolo ver mucho más aterrador, pero no me deje intimidar. Las palabras siguieron brotando como si, ahora que había comenzado a sacar todo lo que tenía reprimido en mi pecho, fuera imposible silenciarme.

— ¡Ella llego al departamento! ¡a pedirme que me alejara de ti! Asegurando que tu solo llevabas acabo todo este teatro para quitarme a Liam…

Antes de que pudiera continuar, Andruw se puso de pie con un movimiento brusco, haciéndome retroceder un paso y obligándome a inclinar ligeramente la cabeza para poder mirarlo a los ojos.

— ¿Qué-Qué estás haciendo? — pregunté, tartamudeando mientras sentía la valentía abandonar mi cuerpo en cuestión de segundos. La expresión de Andruw era tan seria que resultaba escalofriante, y esa aura asesina que emanaba de él no hacía más que provocar que mis nervios se dispararan en el acto.

Andruw siguió avanzando, y por cada paso que él daba yo retrocedía.

— ¡Andruw! — pronuncie su nombre, sintiendo que mi corazón comenzaba a latir con un ritmo irregular. Un jadeo escapo de mis labios cuando choque contra algo a mi espalda.

Por instinto mis manos se cerraron en el borde de la madera intentando conseguir estabilidad, ya que mis piernas parecían haber olvidado como sostener mi cuerpo de manera correcta.

Me incliné ligeramente hacia atrás cuando la imponente figura de Andruw se cernió sobre mí. Sus manos aterrizaron muy cerca de las mía, convirtiendo su cuerpo en un cerco que me mantenía cautiva contra la cómoda.

— Y tú le creíste — dijo, su voz fue un susurro cálido que me erizó la piel. Su respiración mezclándose con la mía, ya que su rostro estaba a centímetros del mío — ¿cualquiera puede venir a decirte cosas de mí y tú vas a creerle? ¿seguirás huyendo sin siquiera enfrentarme? ¿sin intentar descubrir la verdad?

Abrí la boca para responder, pero las palabras parecieron haberse atorado en mi garganta. Era como si mi cerebro acabara de entrar en corto circuito solo por su inapropiada cercanía.

— Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario — susurro, su aliento chocando contra la piel sensible de mi cuello. Cerré los ojos con fuerza cuando sentí que cortaba la poca distancia que nos separaba.

Mi corazón pareció saltarse un latido cuando su aroma invadió mis sentidos. Mi respiración se hizo ligeramente más pesada.

— No soy el monstruo manipulador que piensas que soy — prosiguió, y esta vez sentí el roce fantasmal de sus labios sobre mi piel, la cual se erizó cuando un escalofrío, que nada tenía que ver con la temperatura ambiental, me recorrió.

Contuve el aliento. Aguardando… pero ¿Qué esperaba realmente? ¿Qué se alejará? ¿o por el contrario deseaba que cortara esa diminuta distancia que había entre su piel y la mia? No lo sabía.

Pero cuando se alejó, apenas lo suficiente para abrir una de las gavetas de la cómoda, me encontré extrañando ese calor que emanaba de su piel.

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