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Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 24

Scarlett Valenti.

Si hasta ahora había creído que, con la llegada de Andruw, mi vida se había convertido en un completo caos. Estaba equivocada, porque nada me habría preparado para la extraña aventura que ahora estaba viviendo.

Cuando Andruw dijo que Elizabeth me ayudaría a instalarme, imagine que me guiaría a una habitación, que me daría un pijama y ya. ¡No que convertiría la sala de estar en una boutique de lujo que parecía sacada de una película!

Mientras el personal entraba y salía cargando perchas, bolsas y demás, yo no podía dejar de pensar en que esto se sentía demasiado irreal.

Elizabeth había ordenado vestidos, zapatos y accesorios con los que yo no podría hacer más que soñar. Ahora entendía porque Elizabeth Carnegie era considerada la reina de la moda. ¡Es que realmente lo era!

Mientras el desfile de personal se llevaba a cabo, yo me mantenía al margen, sentada en el sofá como si temiera que mi simple presencia pudiera arruinar el lujo que aquí abundaba. Liam, feliz y ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor, estaba sentado a mi lado, jugando con un sonajero que sabrá Dios quien le había entregado. Sus manitas regordetas lo agitaban con entusiasmo.

Mi atención se mantenía dividida entre él y Elizabeth quien, por cierto, demostraba ser un huracán de energía y entusiasmo que parecía no agotarse jamás.

— Este color te queda genial — aseguró, mientras sostenía un vestido cerca de mi rostro, como si evaluara el contraste entre el color y mi piel.

Yo solo atine a asentir, como si entendiera todo lo que ella decía sobre colores y telas. Elizabeth colocó el vestido sobre el respaldo de uno de los sofás individual antes de tomar unos zapatos de una colección que le estaban mostrando. Los tacones eran tan altos que me daba vértigo de solo pensar usarlos.

— Estos combinan perfecto — dijo, girando los zapatos para mirarle la talla — calzas del seis. ¿Verdad?

— Sí — respondí, mi voz apenas audible. Mientras intentaba parecer normal en medio de este torbellino de lujo que se sentía tan ajeno. Por un segundo, mis ojos se centraron en las prendas que Elizabeth había seleccionado, parecía estar eligiendo un guardarropa completo para mí — ¿de verdad todo esto es necesario? — pregunte, y mi voz salió más pequeña de lo que pretendía.

Elizabeth me dedico una sonrisa amable, casi maternal.

— Por supuesto — respondió, como si fuera algo obvio —. Mereces un guardarropa a la altura de la señora de esta casa.

Las palabras flotaron en el aire con un peso que jamás creí que una frase tan simple pudiera albergar.

— Señora de la casa — repetí.

— Exactamente — dijo Elizabeth mientras Nana Muffin ingresaba a la sala, parecía molesta, más de lo normal, entre sus manos sostenían una bandeja con un par de tazas de té humeante. El silencio incomodo se apodero de la sala de inmediato.

Las tazas tintinearon cuando las deja sobre la mesa del centro. Un sonido que parecía intencional. Como si fuera una protesta ante algo que le disgustaba.

Elizabeth enarcó una ceja, mientras su mirada de reproche se dirigía hacia Nana Muffin quien ni siquiera se inmuta.

— Eso es lo que serás a partir de mañana — continuó Elizabeth, elevando ligeramente la voz, como si quisiera asegurarse de que todos escucharan —. Scarlett Di´Marco. La dueña y señora de esta casa. Disguste a quien disguste.

Sus palabras cayeron como una bomba. Aumentando la tensión que se siente en el ambiente. Note como Nana Muffin hace una mueca, algo que deforma sus labios por una fracción de segundo antes de recuperar la compostura y hacer una reverencia de aparente respeto.

— Con su permiso, señorita Elizabeth — dice y se marcha sin siquiera dedicarme una mirada.

Elizabeth toma su taza de té y bebe un sorbo con una elegancia que parece irreal. Yo solo dejo escapar un suspiro que provocó que Liam me mirara, confundido por mi expresión, me obligé a devolverle una sonrisa forzada.

— Esa mujer me odia — digo sin pensar, más para mí misma que para Elizabeth, quien deja su taza a un lado con un gesto pausado.

— No, cariño. No te odia — dice, y su voz es más suave ahora —. Solo es una anciana amargada que piensa que Andruw sigue siendo un niño incapaz de tomar sus propias decisiones. Tu solo ignórala.

Respiré profundo. Sabiendo que no era tan fácil ignorar a alguien cuando constantemente te está mirando con desprecio, pero antes de que pueda decir algo al respecto, la puerta se abre de nuevo.

Un nuevo equipo ingresó y Elizabeth se pone de pie dando pequeños aplausos de emoción, como si hubiese estado esperando este momento durante demasiado tiempo.

Capítulo 24: Fuera de lugar. 1

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