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Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 25

Andruw Di´Marco.

Hui de la sala de estar como si el diablo me pisara los talones.

No porque tuviera miedo de la lencería. Sino porque, en el segundo en que vi a Scarlett, con sus mejillas sonrojadas, sus labios entreabiertos y a Elizabeth sosteniendo ese conjunto blanco contra ella… supe que, si me quedaba un segundo más, haría algo de lo que luego me arrepentiría. O quizás ese era mi miedo, que sabía que, en el fondo, no me arrepentiría en lo absoluto.

Bastó solo un segundo para que mí cordura, esa que había construido con disciplina y años de control, se resquebrajará.

El mundo había dejado de existir, porque no era capaz de mirar nada más, solo a ella. Solo la imagen que mi cerebro había creado de como luciría esa mínima tela blanca en ella. En cómo se vería en mi cama. Cómo se vería debajo de mí.

«Mierda»

Llegue a mi habitación sin siquiera recordar haber subido las escaleras. Mi mente parecía estar en modo automático. Aun cuando mis manos temblaban. No por los rastros de sangre que aun manchaba mis nudillos, sino por la necesidad primitiva de volver atrás, de tomarla de la cintura y de besarla hasta que olvidara su propio nombre.

Me detuve frente al espejo de vestidor. Y el hombre que me devolvió la mirada tenía los ojos encendidas, las mejillas ligeramente arreboladas, el pecho subiendo y bajando al ritmo de una respiración que se negaba a calmarse.

— Eres un imbécil — me dije en voz alta —. Las reglas las pusiste tú.

Las reglas.

Solo debíamos ser los padres de Liam. Entre nosotros solo debía existir un contrato. Cinco años de farsa y luego cada uno por su lado.

Había sido yo quién había dicho que nuestra relación se limitaría a eso. Yo era quien había establecido los límites. Y ahora era yo quien estaba aquí, derritiéndose como un adolescente porque una mujer y un trozo de encaje me habían hecho perder el sentido.

Me quité el saco con un movimiento brusco. La tela cayó al suelo. Después la camisa, desabrochando los botones uno a uno porque la impaciencia me hacía temblar los dedos.

El aroma a pólvora y sangre aún impregnaba mi piel. Como si algo de la violencia que acababa de ejercer se hubiese pegado a mí y lo odiaba. No porque me arrepintiera de lo que había hecho, sino porque ella, Scarlett, nunca debía saber que yo formaba parte de ese mundo.

Termine de desvestirme y unos segundos después entré a la ducha sin esperar a que el agua calentara. El chorro helado golpeó mi pecho, mis hombros, mi rostro. Cerré los ojos y apoyé las manos de la baldosa, dejando que el frío me castigara.

Cinco minutos. Diez. Quince.

El agua seguía cayendo, pero el fuego en mi interior no se apagaba. Cada gota que resbalaba por mi piel era una caricia que deseaba fuera suya. Cada suspiro que escapaba de mis labios era un lamento por no sentirla cerca.

Cerré los puños contra la pared.

«¿Qué carajo te pasa, Andruw?»

Era solo una mujer. Una mujer que había mentido, que había huido, que me había negado a mi hijo. Una mujer que, a pesar de todo, había arriesgado su vida para protegerlo.

Capítulo 25: Cuando la lógica comienza a rendirse. 1

Capítulo 25: Cuando la lógica comienza a rendirse. 2

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