Scarlett Valenti.
¿Cómo este hombre podía soltar ese tipo de declaraciones tan a la ligera? ¿Y por qué demonios mi corazón perdía la calma con tan solo escucharlo hablar?
«La próxima vez permíteme estar ahí para ti»
Sus palabras resonaron en mi cabeza, provocando que el calor se extendiera dentro de mi pecho.
«La próxima vez»
Por más que intentaba no lograba que los latidos de mi corazón adoptaran un ritmo regular. Mi primer impulso fue ponerme de pie, huir de esto que estaba sintiendo, pero me negaba a comprender, a aceptar.
Porque ponerle nombre a esto, era permitirme soñar, permitirme sentir ilusión por algo que sabía ya tenía fecha de caducidad.
Me puse de pie, intentando correr. Alejarme de esto que podría hacerme tanto daño. Pero la mano de Andruw voló, cerrándose sobre mi muñeca con una velocidad impresionante. Y mi corazón… ese órgano traidor, seguía latiendo desenfrenado, errático, como si la cercanía de mi futuro esposo fuera suficiente para borrar cualquier rastro de cordura.
— No te vayas — pidió. Si, pidió, porque, por primera vez, su voz estaba desprovista de esa arrogancia con la que parecía enfrentarse a la humanidad. Y sus ojos. ¡Oh Dios malditos ojos! Había una vulnerabilidad que nunca imagine que Andruw Di´Marco sería capaz de poseer.
— No hagas esto… por favor — rogué, mi voz convertida en un hilillo apenas audible.
— Tú no hagas esto. Deja de huir — sentencio, mientras se ponía de pie y cortaba la distancia entre nosotros.
Su aroma me inundó de inmediato, embriagándome de una manera que nunca imagine que sería posible. Su brazo libre se cerró sobre mi cintura, reteniéndome, y aunque mi cerebro me pedía que opusiera resistencia, que hiciera hasta lo imposible para poner distancia entre nosotros, pero otra parte de mí, una mucho más primitiva, ansiaba su cercanía. Era una contradicción que tarde o temprano me terminaría por enloquecer.
— No hagas esto por favor — repetí, tragando grueso, mientras que su rostro permanecía a centímetros del mio. Todo en mí tembló.
— ¿Hacer qué? — preguntó, como si realmente no entendiera lo que estaba pasando. Como si sus labios no estuvieran moviéndose sobre los míos en un roce fantasmal que me incitaba a devorarlo.
— Esto… jugar conmigo — dije, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que las palabras brotaran, ya que mi cerebro parecía haber dejado de funcionar hace demasiado tiempo.
Andruw esbozó una sonrisa ladina, de esas que lo hacían ver endemoniadamente bien.
— Yo no juego. Nunca lo hago — su voz fue un susurro ronco, hipnótico.
— Lo haces — aseguré, mientras mis manos se posaron sobre su pecho, buscando soporte cuando sentí que mis piernas estaban a punto de fallarme, sabía que, de no ser por la forma en que me sostenía, ni siquiera sería capaz de sostenerme en pie — tu y yo solo somos los padres de Liam… tu dijiste…
— Sé lo que dije — me cortó — sí, dije que solo seriamos los padres de Liam, pero también dije que tenías que conocer todo sobre mi… que tenías que hacer que esta relación pareciera real…
Su voz bajo a un susurro mucho más íntimo, mientras sus labios, los cuales se habían alejado de los míos, rozaban la piel de mi cuello con lentitud deliberada. Un contacto apenas perceptible, pero que era más que suficiente para erizarme la piel.
— ¿Cómo pretendes que esto parezca real? — sus manos estrecharon mi cintura — si cada vez que me acercó… que te miro…— sus labios marcaron un camino de besos delicados. Primero en mi cuello, justo donde se une con la clavícula — tiemblas como si estuvieras hecha de papel…
Sus labios fueron subiendo poco a poco, hasta posarse en mi mandíbula y finalmente en la comisura de mis labios. Fue apenas un roce. Uno que provocó que un jadeo entrecortado escapara de mi garganta. Lo sentí sonreír contra mi piel.
— ¿Cómo van a creer que eres mía? Si siempre parece que lo único que quieres es huir de mi…
Sus manos se deslizaron por los costados de mi cuerpo, despacio, como si estuviera aprendiendo cada curva, cada punto capaz de hacerme arder, hasta que sus dedos se clavaron en la piel de mi cintura, esta vez con más fuerza, como si Andruw estuviera luchando con el impulso de continuar con lo que había comenzado.
— Esta vez no voy a dejarte escapar — aseguró. Y la promesa que teñía su voz me hizo temblar.
Su boca se posó sobre mi cuello, pero esta vez sus besos fueron firmes, húmedos. Sentí el calor de su lengua trazar un camino desde mi clavícula hasta el lóbulo de mi oreja, donde sus dientes se cerraron con delicadeza.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo