Capítulo 127 Tenía una actitud dócil, pero su voz mostraba molestia.
Rafael la miró a los ojos claros y preguntó con calma:
—¿A qué viene esa pregunta?
Vanessa forzó una sonrisa.
—Por nada, solo curiosidad. ¿Lo hay?
—Depende de la situación.
Rafael habló con voz baja y suave:
—Si es algo que te perjudica, por supuesto que no.
Vanessa lo miró sorprendida y notó un rastro de sinceridad.
Al pensarlo bien, tenía sentido.
Conociendo la forma de ser de Rafael, él jamás se rebajaría a hacer algo así.
—Menos mal.
Al ver que ella había perdido la actitud defensiva de hace un momento, Rafael alzó la mirada.
—Ahora sí, ¿me vas a contar qué pasó?
Vanessa no le ocultó nada.
Le contó con lujo de detalles cómo habían despedido al actor y arrugó un poco la frente.
—Viéndolo así, el incidente del borracho no debe tener nada que ver con nadie del equipo de producción.
Conque era eso.
La mirada de Rafael perdió brillo. Pensaba que ella había descubierto el secreto que llevaba diez años ocultando.
Al parecer, la había sobrestimado.
—Lo del borracho fue obra de alguien más, en efecto.
Rafael mantuvo una actitud indiferente. Parecía que ya había averiguado quién era el culpable.
Vanessa insistió:
—¿Quién fue?
Rafael sonrió.
—¿Quién te salvó esa noche?
Vanessa abrió los ojos de par en par.
¡Alexis!
Había sido él.
¡Y ella que creía que había cambiado!
¡Ese infeliz jamás iba a cambiar!
—La genética de tu familia es bastante peculiar — dijo Vanessa apretando los dientes, sin ganas de decir cosas peores.
Vanessa subió al ascensor hasta el piso de su habitación.
Bip.
Apenas abrió la puerta, una silueta se abalanzó sobre ella, la arrastró por la fuerza hacia el interior de la habitación y cerró, haciéndola gritar del susto.
Aterrada, forcejeó con todas sus fuerzas. Empezó a golpear y rasguñar a la persona que la sujetaba por detrás, e incluso intentó morderla.
Una mano le tapó la boca y escuchó una voz familiar muy cerca de ella.
—Vanessa, no grites, soy yo.
Reconoció a la persona y se quedó inmóvil. Poco a poco, logró calmarse.
En cuanto la soltó, se dio la vuelta y se encontró con Alexis. La furia la invadió y le acomodó una cachetada con todas sus fuerzas.
—¿Estás loco? ¿Qué pretendes acosándome todo el tiempo?
Vanessa tenía una actitud severa, algo que Alexis nunca antes había visto en ella. Incluso pudo notar asco en su mirada.
El enojo que Alexis sintió al recibir el golpе desapareció en un instante.
—Perdón, te asusté —se disculpó con voz ronca—.
Es que hay cosas que no entiendo. Solo quería verte para aclararlo todo.
El pecho de Vanessa subía y bajaba agitado. Al recordar el incidente con el borracho, apretó la mandíbula con dureza.
—No tengo nada de qué hablar contigo. Lárgate de aquí.
Seguir lidiando con alguien como él era demasiado peligroso.

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