Capítulo 140 Poco después, Leonardo Soto lo llamó.
—¿Sales a tomar algo?
Rafael bajó la mirada y rechazó la invitación con voz monótona.
—No quiero.
Leonardo se quejó de fastidio.
—Llevas dos meses de haber vuelto del extranjero y, desde que estás con esa niña, no te he visto ni una sola vez. ¿Qué pasó? ¿Ahora me cambias por una mujer?
—¿Y qué si es así?
Rafael apretó los labios mientras apagaba el cigarrillo en el cenicero. Su actitud era indiferente, de esas que advierten a cualquiera que no se acerque.
Incluso a través del celular, Leonardo podía sentir esa vibra tan pesada, así que suspiró.
—Está bien, ya entendí, no me quejo. Pero como tú no tienes nada de experiencia en el amor, te voy a decir algo: a las mujeres no les gustan los hombres que son demasiado intensos.
Rafael arqueó una ceja, mostrando un poco de interés.
—Ah, ¿si?
Como si le hubieran dado cuerda, Leonardo empezó a compartir su supuesta sabiduría.
—¡Claro! ¿Pues quién crees que soy? Soy el experto en el amor, ¿cómo crees que te voy a mentir?
—Ve al grano, no digas estupideces —respondió Rafael e hizo una mueca, arrugando la frente con impaciencia.
Leonardo suspiró.
—Si no me crees, haz la prueba: ignórala unos días. Te aseguro que ella misma te va a buscar para preguntarte qué estás haciendo o a qué hora vas a llegar a casa. No estaría tan tranquila como ahora, que hasta tienes tiempo de sobra para contestarme el celular a medianoche.
Uno decía locuras y el otro se las creía.
Rafael arqueó las cejas de nuevo, pensativo, y solo dijo una palabra:
—¡Cállate!
Tras colgar, dejó el celular sobre el escritorio.
Tamborileó un par de veces con sus dedos sobre la madera y su cara se puso más seria, como si estuviera tramando algo.
*** A la tarde siguiente.
Vanessa recibió las fotos del cierre de grabaciones que mandaron los del equipo de producción.
En seguida, Itzel le mandó un audio muy emocionada:
"¡Vane! Ya casi regreso a Cartaluz. ¿Tienes tiempo de que nos veamos?" Vanessa no supo cómo negarse ante tanta insistencia, así que aceptó.
—Señora, el presidente preparó personalmente este vestido para que lo use esta noche. También trajo a una maquillista.
En cuanto terminó de hablar, una joven vestida de negro dio un paso al frente. Llevaba una caja de regalo y, al abrirla, mostró un vestido en tonos rosa y blanco que se veía muy delicado y llamativo a la vez.
Vanessa quedó impactada al verlo.
—Está precioso.
Pasó las yemas de los dedos por la tela, admirando las costuras. Estaba sorprendida; el bordado era tan fino y detallado que se notaba que era una pieza hechaa mano, de esas que no se consiguen solo por tener dinero.
—Señora, por favor, pruébeselo—dijo la joven con una sonrisa profesional.
—Está bien.
Vanessa subió a su habitación para cambiarse y, de paso, le hicieron un maquillaje que combinara con el estilo del vestido.
Poco después, bajó las escaleras.
Rafael, que había llegado hacía diez minutos, estaba sentado en el sofá de la sala. Al escuchar que ella bajaba, levantó la mirada y quedó cautivado.
El vestido rosa con blanco resaltaba su figura, y llevaba el cabello recogido en un peinado tradicional que la hacía ver muy elegante y distinguida.
Su piel era tan blanca que parecía brillar. Esa ropa no solo resaltaba su juventud y su belleza, sino que le daba un aura de sofisticación y clase impresionante.

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