Capítulo 201 Dicho esto, se fue.
Rodrigo Zárate entrecerró los ojos con expresión feroz y los clavó en su espalda; una sed de sangre le oscureció el rostro.
Todos contuvieron el aliento.
Esas palabras, en boca de cualquier otro, le habrían costado caro.
***
Vanessa no había dejado que Alexis ni Natalia le arruinaran el humor; al contrario, se sentía muy satisfecha. Había aguantadoa Natalia durante años.
Esa noche, por fin se había dado la satisfacción que esos años de silencio le habían negado.
Para no interrumpir la reunión, se acomodó en una esquina del sofá a ver videos en la aplicación y se pusoa esperar. Mientras veía, se quedó dormida.
La cabeza le cayó hacia adelante. Por suerte, Rafael reaccionó rápido, se acercó y la sostuvo.
omudi inz —Necia, ¿te quedaste dormida? —Su voz era cariñosa y risueña, muy distinta a la frialdad de hace apenas un momento.
Vanessa abrió los ojos; pálida, todavía adormilada.
—¿Ya terminaste?
—Ya terminé —dijo, ayudándola a levantarse y apartándole el cabello de la cara—. Vamos. A casa.
Tenía una mirada tan tierna que a Vanessa se le derritió el corazón. Tener un esposo tan guaро у tan atento era una suerte que casi no merecía. Y lo más importante era que él no la abandonaría.
Vanessa asintió, dócil.
Sí, a casa.
Rafael la rodeó con el brazo y salieron. Parecían inseparables.
Salieron del edificio.
El chofer detuvo el autoa tiempo. Estaban a punto de subir cuando escucharon una voz burlona a sus espaldas.
—Vaya, no esperaba que el señor Cisneros ya tuviera su mujer.
—Ja...
Rodrigo se limpió la ceniza de los labios y los miró con una actitud siniestra. Luego posó los ojos en Vanessa con una actitud fría, como si quisiera atravesarla.
Ella sintió un escalofrío. Había algo en esa mirada que no podía explicar.
Por suerte, Rafael la jaló hacia atrás y la cubrió con su espalda ancha y sólida.
—Hay personas a las que, si te atreves a tocarles un cabello, no la vas a contar.
Rodrigo se rio por la nariz, se empujó la lengua contra la mejilla y lo miró de reojo.
—Señor Cisneros, ¿va en serio?
—Ocúpate de lo tuyo.
La mirada de Rafael se ensombreció. Se dio la vuelta, dispuesto a rodear a Vanessa con el brazo e irse. De pronto, la voz sarcástica de Zárate resonó a sus espaldas.
—Rafael... ¿No te parece irónico que ahora cuides tanto a esta mujer? ¿Mereces a esa mujer que perdió a su bebé por ti?

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