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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 213

Capítulo 213 Rafael sujetó el brazo de Vanessa y la miró a los ojos.

—¿Estás triste? No dejes que palabras con mala intención te afecten. Tú no tienes la culpa de nada.

Verlo tan preocupado alivió la presión que sentía.

Vanessa sonrió apenas.

—La verdad sí me había puesto triste, pero ya me lo cobraste, así que ya no.

—Me alegra.

Rafael relajó el ceño y se la llevó de ahí.

***

Mansión de la Sierra, en el estudio.

Ricardo estaba parado frente a Rafael, reportando los resultados de la investigación del accidente.

—Revisamos todas las cámaras del tramo y también investigamos al conductor. El accidente parece haber sido intencional, contra la señora.

Los dedos que Rafael tamborileaba sobre su pierna se detuvieron. Levantó la mirada.

—¿Ya lo encontraron?

—La policía ya lo tiene en la delegación y sigue investigando. Dicen que fue por manejar ebrio, pero está claro que no es tan simple.

—Ocúpate de eso.

Una frialdad le cruzó los ojos.

—Meterse con quien no debían tiene consecuencias.

Ricardo ya estaba acostumbrado a que Rafael protegiera a Vanessa. Asintió.

—Sí, señor.

***

Vanessa terminó de lavarse los dientes, se acostó y repasó mentalmente los eventos del día. Todavía sentía un escalofrío.

Le marcó a Bianca, que del susto se sentó de un brinco en la cama.

Al día siguiente, Vanessa fue al hospital a ver a Alexis. Cuando iba a empujar la puerta, escuchó la voz suave y lastimera de Natalia desde adentro.

—Alexis, ¿en serio eres tan cruel conmigo por Vanessa? El abuelo no me quiere, mis papás tampoco me quieren... ¿ni tú me quieres?

Alexis habló con cansancio:

—Tú eres la que tiene malas intenciones. No puedes culpar a nadie más. El abuelo hizo bien en echarte de la familia.

Natalia comenzó a llorar.

—Sí, admito que me equivoqué en eso. Pero ¿tú nunca has hecho algo mal?

—¿Qué quieres decir? —preguntó Alexis, frunciendo el ceño con impaciencia.

Natalia se secó las lágrimas y habló con la mandíbula apretada:

—Hace diez años Vanessa cayó al agua. Eso no lo olvidas, ¿verdad, Alexis? ¿En serio fuiste tú quien la salvó?

Parada en el umbral, Vanessa abrió los ojos. El pulso se le disparó. La mano se le fue sola al marco de la puerta y lo apretó con fuerza. Contuvo el aliento y escuchó, aterrada de perderse una sola palabra de lo que pasaba adentro.

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