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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 237

Capítulo 237 -Gracias, Leonardo.

La sonrisa de Vanessa era dulce y limpia, segura y serena. Incluso estando de pie sin hacer nada, irradiaba un brillo propio.

Rafael la observaba con la mirada tranquila, contemplando cada uno de sus gestos y sonrisas.

En sus ojos oscuros se desbordaba una ternura indisimulable.

Esa mirada, vista desde no muy lejos, provocó unos celos intensos.

-¿Es ella?

La mujer habló con irritación. De pie en un rincón entre la multitud, su mirada era afilada.

-Rafael no es de los que se fijan en ese tipo de mujer.

-Quién sabe -dijo Anahí Rivas-. Por ella, Rafael echó a su propia hermana adoptiva de la familia Cisneros.

Los ojos de la mujer se llenaron de hostilidad y suspiró con desprecio.

-Esa carita de niña inofensiva es pura actuación.

Además, si ya estuvo cinco años con Alexis y hasta se acostó con él, eso la deja sucia. Rafael es demasiado meticuloso, jamás querría a una mujer así. Seguro solo la ve como una hermanita.

Vanessa, de pronto, sintió una mirada clavada en ella.

Extrañada, volteó la cabeza y recorrió el lugar con los ojos, pero no encontró nada fuera de lo normal.

En ese momento, la fiesta de celebración comenzó oficialmente.

Leonardo subió al escenario y dedicó grandes elogios al director, al equipo de producción y, por supuesto, a Vanessa.

En la pantalla detrás de él se proyectaban fragmentos de la miniserie, junto con las impresionantes cifras de reproducciones, los rankings y demás estadísticas.

Al final, invitó a Vanessa al escenario para recibir su premio de cien mil dólares.

Vanessa quedó atónita; no esperaba que hubiera ese segmento.

-¿De verdad tengo que subir? -preguntó.

Rafael la miró con ternura y la animó:

-Te lo ganaste con tu talento. Mereces que más gente conozca tu esfuerzo.

Vanessa venía de una familia adinerada; nunca le había faltado el dinero.

No importaba si era guionista o una joven prodigio de la programación.

Nada de eso era relevante.

Solo quería verla feliz. Su sonrisa era como una flor que brota en pleno invierno: brillante y rebosante de vida.

Vanessa cruzó la mirada con él y algo dentro de ella se derritió.

Estaba a punto de apartar la vista y bajar del escenario cuando, de pronto, alcanzó a ver a una mujer con un vestido rojo, llamativa y deslumbrante, acercándose por detrás a Rafael.

La mujer levantó la mano y le dio unas palmaditas en el hombro.

-Rafael.

En cuanto él volteó, la mujer le dedicó una sonrisa coqueta e, inmediatamente, acercó su cara y lo besó en la mejilla.

Vanessa quedó paralizada. Sin quererlo, apretó la tela del vestido entre los dedos.

Un nombre le vino a la mente: Camila Zárate.

Sin saber de dónde sacó el valor, Vanessa apretó la mandíbula, bajó del escenario y caminó hacia ellos.

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