—¡Es una descarada! Y se supone que viene de buena familia, mira las bajezas que es capaz de hacer.
—Ni que lo digas, nos hace quedar mal a todas las mujeres.
Esos insultos despiadados contra Vanessa llovían de todas partes, y sin embargo ninguno de los Cisneros, que conocían la verdad, salió a defenderla. Édgar quiso hablar, pero Yolanda lo sujetó con fuerza del brazo.
—En este momento, mientras más expliques, peor se pone. Deja que ella lo resuelva sola.
Roberto tenía la cara desencajada y el pecho agitado de la furia. Pero confiaba en su nieta: si ella decía que podía resolverlo, podía hacerlo.
—Que todo el mundo se calme —ordenó Antonio—. Lo que están diciendo en redes es pura maldad, nada más para levantar falsos. Cuando llegue Rafael, todos van a conocer la verdad.
—Abuelo, deja de proteger a Vanessa —dijo Natalia con seguridad—. Rafael no viene porque seguro se quedó consolando a su esposa.
Alexis insistió:
—Vanessa, Rafael no es para ti. Solo tienes que decir una palabra y aclararé todo por ti.
—Ah, ¿sí? El que debería aclarar las cosas eres tú, ¿no?
En cuanto Vanessa terminó de hablar, una lluvia de fotografías se desprendió desde lo alto. Las imágenes descendieron como copos de nieve, flotando en el aire antes de revelar su contenido. Eran fotos de Natalia y Alexis desnudos, con la mirada extraviada, besándose apasionadamente, captados con total nitidez.
Las fotos eran explosivas.
Enseguida, a todos les saltaron notificaciones en el celular con las noticias del momento:
#¡Bombazo! El hijo menor de los Cisneros y la hija de la misma familia tienen una relación prohibida#
#El romance clandestino de Alexis y Natalia#
Aparecieron varios temas en las redes que en cuestión de segundos desplazaron las tendencias anteriores sobre Vanessa.
El lugar estalló en murmullos.
Después de ver el video en alta definición y sin censura, todos quedaron boquiabiertos. Realmente era un video de Alexis y Natalia en pleno acto. Las miradas hacia ellos dos cambiaron por completo.
Yolanda se puso lívida. Antonio y Édgar en particular estaban furiosos, con las caras desfiguradas de decepción y rabia, pero con tanta gente presente no podían hacer una escena.

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