Era Rafael. Por fin llegó.
Vanessa sintió que la alegría le iluminaba la cara y que al fin podía respirar. Pero los demás cambiaron de expresión, impactados, como si no esperaran que apareciera. Sobre todo Alexis. ¿No se suponía que no vendría esta noche? ¿Qué demonios estaba haciendo Camila?
—Rafael...
Vanessa, radiante, se recogió la falda del vestido y caminó hacia él a paso rápido, pero al ver otra persona aparecer a su lado, la expresión se le congeló. Se detuvo en seco. ¿Camila? Llegaron juntos.
Rafael vestía un traje oscuro que le daba un aire severo y distinguido. A su lado, Camila llevaba un vestido de gala suntuoso y una peluca de rizos largos color vino, al parecer para ocultar la herida que Vanessa le había dejado en la cabeza el día anterior. Pero aquel arreglo, lejos de ser discreto, resultaba llamativo y ostentoso. Los dos eran de apariencia extraordinaria, y verlos juntos transmitía una inesperada armonía.
Era inevitable pensar que ella era la esposa que Rafael iba a presentar esa noche.
—Señor Cisneros, hasta que llega. Lo estábamos esperando —dijo alguien con una sonrisa.
—Disculpen, tuve que resolver un asunto urgente y se me hizo tarde —respondió Rafael.
Él avanzó hacia el interior del salón y pareció dirigirse directamente hacia Vanessa. Ella sintió la garganta apretada y sin poder dejar de preguntarse. ¿Por qué llegó tan tarde? ¿Y por qué apareció con Camila? ¿Acaso en la noche llegaron a un acuerdo?
Vanessa lo observó acercarse, esperando una explicación.
—¿Estás bien? —le preguntó Rafael.
Se colocó a su lado, guardando en el fondo de sus ojos todo lo que sentía.
—Surgió algo esta noche, por eso me retrasé.
Vanessa le echó un vistazo a Camila y sonrió con esfuerzo.
—No importa, lo bueno es que ya estás aquí.
—Rafa, todos están esperando. Ya debería empezar la fiesta de cumpleaños —dijo Camila con una sonrisa encantadora y un aplomo absoluto.
Vanessa cambió ligeramente de expresión y miró a Rafael con desconcierto. Él giró la cabeza y le sostuvo la mirada; sus ojos eran imposibles de descifrar.
Vanessa liberó la tela del vestido que aún sostenía entre los dedos. Algo no le cuadraba.
Los invitados intercambiaron miradas de complicidad, como si todo les quedara claro. Si Camila lo llamaba con tanta familiaridad, seguro era la mujer que Rafael iba a presentar esa noche como esposa. Entonces no era Vanessa. Y de ser así, Vanessa era justo lo que estuvieron diciendo: solo alguien que le coqueteaba a Rafael.
—Rafa, ¿cómo es que apenas llegas? Te estuvimos esperando un buen rato —dijo Antonio con voz severa—. Además, hace un momento ocurrió un incidente. Ya que estás aquí, anuncia lo que tenías que anunciar esta noche.
Roberto, que traía un nudo en el pecho, respiró aliviado al verlo llegar.
—Así es, Rafael, no hagas esperar más a la gente.
Rafael entrecerró los ojos.
—Está bien, tengo algo que anunciar.
Vanessa dejó escapar un suspiro, convencida de que hace un momento se preocupó de más. Sonrió con alivio.
—Entonces empieza.

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