El dolor la partió en dos; las lágrimas cayeron con más fuerza y las piernas apenas la sostenían.
Esa noche, Vanessa lloró durante mucho, mucho tiempo. Se abrazó las rodillas y se acurrucó en el rincón entre la puerta y la pared, hasta que el agotamiento la venció y se quedó dormida.
***
En la delegación, entrada la madrugada, reinaba un ajetreo inusual.
A Alexis, Natalia e Itzel los llevaron de vuelta para interrogarlos. En la entrada de la delegación, decenas de reporteros montaban guardia.
Yolanda quiso ir en persona con el abogado para sacarlos bajo fianza, pero la detuvo una llamada de Édgar, que le advirtió:
—Ahora mismo el Grupo Firax está bajo la lupa. Si entras así a la delegación y te fotografían, ya puedes imaginarte cómo se van a desplomar las acciones mañana. Regresa. Lo que haya que hacer, que lo resuelva el abogado.
Yolanda jamás imaginó que esa noche se armaría un escándalo de semejante magnitud. Su plan era destruir la reputación de Vanessa, presionarla después para que se divorciara de Rafael y hacer que Alexis ocupara su lugar. Así, con Vanessa manchada para siempre, la tendría a su merced.
Pero las cosas se salieron de control.
Los videos de Alexis y Natalia que se volvieron tendencia fueron eliminados, pero a los pocos minutos volvieron a ocupar el primer lugar. Detrás había alguien moviendo los hilos a propósito para que el escándalo creciera.
—Seguro fue esa desgraciada de Vanessa. ¡Ella quiere destruir a Alexis y a Nati! —Yolanda temblaba de furia, pero su auto estaba estacionado al otro lado de la calle, frente a la delegación, sin atreverse a cruzar.
—No tienes pruebas de nada. Deja de andar inventando cosas y regresa ya —ordenó Édgar en un tono que no admitía réplica.
Yolanda masculló maldiciones entre dientes y le indicó al chofer que diera la vuelta.
Esa noche no iba a haber paz para nadie.

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