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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 376

De pronto se cubrió la cara con ambas manos, se acuclilló y hundió la cara entre las manos y las rodillas, con los hombros temblando sin control. Pero se mordía el labio inferior con tanta fuerza que casi se sacó sangre, negándose a dejar escapar un solo sollozo.

Al ver esa escena, Rafael se quedó sin aliento. La mano con que se aferraba al borde de la pared se le puso blanca de la presión, y las uñas se le hundieron en las grietas del muro hasta que la sangre empezó a brotar bajo ellas.

Levantó el pie, a punto de correr hacia ella y abrazarla.

Pero entonces se oyó un portazo.

La puerta de la sala de urgencias se abrió y el médico salió quitándose el cubrebocas.

—El paciente recibió atención a tiempo, su vida no corre peligro.

Vanessa sintió que la tensión que la mantenía en pie se soltó y rompió en llanto con la cara entre las manos.

Por suerte, el abuelo estaba bien.

Rafael, al escuchar esas palabras, se detuvo en seco. Su semblante se apagó un instante y se quedó mirando hacia donde estaba Vanessa.

Ricardo lo notó y suspiró con resignación. Enseguida se encargó de los trámites del ingreso y dispuso que trasladaran al señor Roberto a una habitación de cuidados intensivos privada.

—Señora, todo está listo. Usted también está agotada, ¿por qué no deja que la lleve a casa a descansar? —dijo Ricardo en voz baja, de pie frente a la habitación, mirando a Vanessa.

Ella no respondió a eso. En cambio, le dijo:

—Esta noche te causé muchas molestias, gracias. Ve a descansar.

Ricardo quiso decir algo, pero al ver a la persona que se acercaba por el pasillo, se alejó en silencio.

Vanessa percibió que alguien se acercaba. En el ambiente flotaba la familiar colonia de cedro y, mezclado con ella, ese tenue aroma de perfume de mujer que ya le había notado un par de veces. Vanessa torció los labios con ironía.

—Vanessa, ¿estás bien?

Rafael llegó hasta ella por detrás y le puso la mano en el hombro.

—Aquí hay enfermeras cuidándolo, ve a descansar.

Apenas la mano le tocó el hombro, ella se apartó de un salto, como si algo detestable la hubiera rozado.

Lo miró a los ojos con una expresión glacial.

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