Capítulo 387
-Señorita León, qué coincidencia.
Rodrigo Zárate, alto y fornido, destacaba entre aquel grupо.
Vanessa sonrió.
-Sí, qué coincidencia.
Camila era su hermana. Lo que había pasado la noche de la fiesta de cumpleaños, seguro él lo sabía mejor que nadie.
Los demás vieron que se conocían, pero algunos no reconocieron a Vanessa.
-¿Y esta es...?
Miraron a Rodrigo con curiosidad, y luego a Daniel.
A él sí lo conocían; como mano derecha de Roberto, el director ejecutivo, era él quien solía resolver los asuntos de manera directa.
En esos dos días, el Grupo León había cambiado por completo. Roberto, cegado por el enojo que le causó su nieta, escupió sangre y acabó hospitalizado; incluso Federico Serrano fue destituido. Aunque los noticieros no lo transmitieron, en el entorno no era
ningún secreto.
-Vanessa León, nieta del señor Roberto. A partir de ahora será ella quien dirija el grupo -anunció Daniel con orgullo.
Estalló una carcajada burlona.
-Así que es la nieta del señor León. Ya veo que los rumores no mienten: apenas cae enfermo y la empresa queda en manos de alguien tan incompetente.
-Una muchachita sin experiencia, que solo sabe estar en romances. Dicen que hace un par de días armó un escándalo en la fiesta de cumpleaños del señor Cisneros.
-¿Qué clase de escándalo?
-Pues que se le insinuó al señor Cisneros. ¿No se enteraron?
Los empresarios cuchicheaban sin recato, sin darle a Vanessa ni un poco de consideración.
Rodrigo entrecerró un poco los ojos y la observó con interés, como si quisiera ver cómo reaccionaba.
Daniel estaba a punto de explotar de la rabia.
Tras barrer a los presentes con un vistazo distante, Vanessa se volvió hacia Rodrigo con una sonrisa sarcástica.
-No esperaba que alguien como el señor Zárate se relacionara con esta gente.
Las palabras calaron hondo en los aludidos, que palidecieron de inmediato.
-Muchachita, no te pongas tan altanera. Ahora que tu abuelo está postrado en una cama de hospital, ya nadie puede protegerte.
Rodrigo entrecerró la mirada con un destello glacial en los ojos. Cuando iba a hablar, Vanessa fijó la mirada en aquel sujeto y respondió con un tono cortante:
-Guárdate ese desprecio de mirar a los demás por encima del hombro. ¿Quién te dijo que a una mujer hay que protegerla por fuerza?

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