Vanessa sacó una tarjeta del bolso y se la entregó a Bianca.
—Tu cumpleaños se acerca. Compra lo que quieras; la clave es tu fecha de nacimiento.
Bianca se quedó inmóvil, con la mano apoyada en la puerta; luego se volvió y abrazó con fuerza a Vanessa, conmovida hasta las lágrimas.
—Eres la mejor, mi vida. Tranquila, no me voy a contener.
—Eso espero. Más te vale cumplir tu palabra. —Vanessa sonrió y le dio un par de palmaditas en la espalda.
—Bueno, te veo luego.
Bianca soltó a Vanessa, abrió la puerta, bajó del auto y caminó hacia el edificio. Daniel siguió con la mirada a Bianca mientras ella entraba al edificio; una emoción indescifrable asomó en sus ojos. En ese momento recibió una llamada. Después de escuchar lo que le dijeron, Daniel se puso serio.
—Señorita, ocurrió algo grave.
Vanessa estaba a punto de llamar a Rafael, pero al escuchar a Daniel se detuvo y apretó el celular.
—¿Qué pasó?
Daniel vaciló antes de responder:
—Al mediodía hubo un violento enfrentamiento en el puerto. Unos mercenarios intentaron ayudar a Yolanda a escapar, pero la policía los interceptó. El señor Cisneros también estaba allí cuando se produjo una explosión. Dicen que hay muertos y heridos.
Vanessa se quedó helada. Cuando por fin reaccionó, llamó a Rafael. Pero el celular estaba apagado, así que la llamada no entró. Luego llamó a Ricardo, pero él tampoco respondió.
A Vanessa se le vino el mundo encima y entró en pánico.
Vanessa respiró hondo, se obligó a mantener la calma y ordenó:
—Vamos para allá, rápido.

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