De repente, a Estefanía le pareció aburrido. Ahora se sentía muy cómoda, tanto física como mentalmente, y no necesitaba burlarse de él para sanar. Simplemente, el chisme se le había presentado en bandeja de plata y decidió aprovecharlo.
Ya no pensaba seguirle el juego. Le envió directamente la contraseña para que él mismo lo descargara.
Benicio: [Recibido, gracias.]
Estaba a punto de bloquearlo de nuevo cuando vio que le había enviado una serie de signos de interrogación.
Ella también respondió: [¿¿¿???]
Benicio: [¿No hay nada?]
Ella: [Así es. Yo nunca dije que tuviera pruebas.]
Benicio le envió un emoji de pulgar arriba, como si fuera un viejo sabio: [Muy lista. Estefanía, es como si apenas te estuviera conociendo.]
Estefanía ya quería poner los ojos en blanco.
«¿Y eso qué? ¿Acaso para él siempre fui una tonta?», pensó.
Y entonces, sucedió algo que le dio aún más ganas de poner los ojos en blanco.
De la nada, le preguntó: [¿No has publicado nada hoy?]
¿Qué quería decir con eso? ¿Por qué tendría que publicar algo?
Un segundo después, le envió un video. Era ella, en el patio de al lado, comiendo pay de manzana.
Estaba sentada junto a Noel. Él cortaba el pay con un cuchillo, lo ponía en el plato de ella y luego le pasaba el tenedor, mirándola con una sonrisa.
Como fue la hermana de Noel quien grabó, en el video solo aparecían ellos dos.
Pero, ¿de dónde había sacado Benicio ese video? ¿Por qué sentía que la estaban vigilando?
[¿Él te preparó eso con sus propias manos? De pronto lo envidio tanto.] Le envió ese mensaje a continuación.
A Estefanía, esa envidia le pareció más barata que nada.
¿Qué envidiaba de Noel?
La puerta de su oficina estaba abierta. Cuando Ernesto entró y lo vio sonriendo como un tonto, pensó que había buenas noticias.
—¿Qué pasa? ¿Las cosas están mejorando para nosotros? —preguntó Ernesto, ilusionado.
Benicio cerró la ventana de chat y carraspeó.
—No.
Pero Ernesto ya lo había visto. Había visto que la pantalla del celular de Benicio mostraba una conversación con Estefanía, y se alegró mucho por él.
—¿Estefanía por fin te hace caso? A mí todavía me tiene bloqueado.
El comentario le cayó como un balde de agua fría.
Benicio puso mala cara.
—No. Ponte a trabajar. Si no nos aplicamos, ¡tú y yo vamos a terminar repartiendo volantes en la calle!
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...