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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 429

—¿Quién? ¿La conozco? —Antes, a Fabiana no le interesaba en lo más mínimo saber de las amantes de su esposo.

Beatriz asintió.

—Cristina. No me había atrevido a decírtelo porque temía que te pusieras triste.

Fabiana se quedó paralizada por un instante, pero luego asintió con una expresión de total resignación.

—Pues no lo digas, pero hacen buena pareja.

—¿Ah? —Una noticia tan impactante y solo recibió esa respuesta.

—¿A poco no? —sonrió Fabiana—. Dos personas absolutamente despreciables juntas. ¡Son el uno para el otro!

—Ahora que lo dices… —Beatriz también se rio—. Aunque no creo que ese bebé vaya a nacer. Conozco a Cristina, para ella el interés es lo primero. Antes, le echó la culpa del embarazo a Benicio, y ahora que se descubrió la verdad y Gregorio está en la cárcel, ¿de qué le serviría tener ese hijo?

—Mmm… —convino Fabiana—. Pero bueno, lo que sea de ellos ya no es nuestro problema. ¡Que los desgraciados se mantengan lejos!

***

Aunque estaba en otro país, Estefanía se enteraba de los cambios que ocurrían en Puerto Maristes. Mateo le informaba a Gilberto, y Estefanía, los fines de semana que pasaba en casa de su tía, escuchaba una que otra cosa. Pero, al igual que Fabiana, ya no sentía nada al respecto. Era como ver los chismes de los famosos en las redes sociales: a lo mucho, se sorprendía un poco y ya.

Gilberto era increíblemente eficiente. Al tercer mes del inicio de clases de Estefanía, la clínica ya estaba construida. Incluso, para su comodidad, la abrió cerca de su universidad.

Los médicos y enfermeras vinieron de su país. Gilberto les ofreció salarios muy generosos e incluso les propuso un contrato inicial de un año; si no se adaptaban, al segundo año podían regresar a su país y serían reemplazados.

—También depende de mi propio esfuerzo. Mientras haya una pizca de esperanza, no quiero rendirme —respondió Estefanía.

Sus compañeros se conmovieron, la abrazaron y le dieron ánimos.

Dado que la curiosidad por la clínica era genuina, Estefanía les explicó un poco más sobre ella. Mencionó que ayudaba a equilibrar el cuerpo y a tratar enfermedades. Lo que más les interesó fue la acupuntura y la ventosaterapia…

—¡Yo sé de eso! ¡La magia de San Mateo! Lo vi en YouTube —dijo un compañero.

Así que, un día que Estefanía fue a la clínica, Sadie se ofreció a acompañarla y experimentó la «magia de San Mateo» en carne propia. A su regreso, describió la experiencia con tanto detalle y entusiasmo que despertó la curiosidad de todos. Uno por uno, empezaron a ir a probar. Además, cuando Estefanía les habló de los remedios, que ellos entendían como medicinas tradicionales hechas a base de hierbas hervidas, lo asociaron inmediatamente con magos y hechiceros, lo que aumentó aún más su interés. Empezaron a ir a la clínica por dolores de cabeza, fiebre, dolores de espalda o cualquier otra molestia. Y, de boca en boca, la fama de la clínica creció tanto que los médicos y enfermeras comenzaron a estar muy ocupados.

La clínica que Gilberto había abierto exclusivamente para Estefanía, poco a poco, empezó a generar ganancias…

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