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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 434

Estefanía no le hizo caso. Noel subió rápidamente al carro y arrancó de inmediato, levantando salpicaduras de nieve y agua sucia.

Benicio se quedó de pie en la nieve, mirando la gran mancha en su ropa sin siquiera pensar en limpiarla. Solo levantó la vista hacia el carro que se alejaba mientras una voz resonaba en su cabeza: «Está con él. De verdad está con él. Salieron de la misma casa esta mañana, ¿están viviendo juntos? Entonces ella y él…».

Una intensa amargura lo invadió. Había sido su esposo durante cinco años y ni siquiera la había tocado de verdad…

Noel condujo de un tirón hasta la clínica. Al llegar, todavía tenía el rostro tenso, pero luego, con un aire de culpabilidad, se volvió hacia Estefanía.

—Estefanía, lo siento.

Estefanía no entendió por qué se disculpaba de repente.

—¿Qué pasa?

Noel parecía enfurruñado.

—No me gusta que venga a buscarte, y no quería que le hablaras. Por eso arranqué el carro sin darte la oportunidad de decir nada.

Así que era eso…

Estefanía sonrió y negó con la cabeza.

—Yo tampoco tenía ganas de hablar con él.

—¿De verdad? —preguntó Noel, con un brillo en los ojos.

—Claro que es verdad —respondió Estefanía con seriedad—. Si todavía sintiera algo por él, no me habría divorciado.

—¡Estefanía! ¡Vamos, a tu rehabilitación! —exclamó Noel, repentinamente animado. Se bajó del carro de un salto para abrirle la puerta.

El camino de entrada a la clínica estaba despejado; habían barrido la nieve y esparcido sal para que no se formara hielo. Noel la ayudó a caminar paso a paso.

Debido a la fuerte nevada, había muchos menos pacientes. El hombre llamado Roberto tampoco había venido.

Don Roberto nunca faltaba, sin importar el clima…

Incluso si no tenía terapia, venía a charlar y pasaba al menos una hora allí.

A Estefanía se le encogió el corazón.

En esa clínica, el mayor temor era que uno de los pacientes habituales, de repente, un día, dejara de venir…

—Estefanía, ya llegaste, pasa —la llamó el doctor Álvarez para la acupuntura—. Hoy hay poca gente.

Estefanía asintió.

—¿El señor no vino?

—De acuerdo —respondió Noel. La ayudó a subir al carro y la llevó de vuelta, tal como habían venido.

Al bajar, Estefanía se dio cuenta de que en su patio también había un muñeco de nieve.

Se acercó y vio que tenía una tarjeta clavada en el cuerpo que decía: «Para la persona que amo, feliz día de nieve».

Estefanía tomó la tarjeta, la tiró a la basura y luego le dijo a Noel:

—Ve a la casa y pon a calentar una cubeta de agua.

—¿Eh? —Noel no entendió a qué se refería.

—Para echársela al muñeco de nieve —dijo Estefanía, señalando al que estaba en su patio.

Noel se alegró. ¡Genial! ¡Esa era una tarea que le encantaba hacer!

¡Y no solo una cubeta! ¡Diez si era necesario!

Benicio no se había ido.

***

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