Vio que en el jardín de al lado había un muñeco de nieve y quiso que su Estefanía también tuviera uno.
Aunque sabía que, tal vez, de ahora en adelante, ya no sería su Estefanía…
La observaba desde lejos, esperando su reacción al ver el muñeco. Incluso si ya no quería saber nada de él, ¿no se sorprendería al menos un poquito al verlo?
Sin embargo, para su sorpresa, no solo tiró la tarjeta, ¡sino que ese odioso de Noel le estaba echando agua caliente!
Y no le bastó con una cubeta, ¡fue una tras otra! ¿Qué se creía?
Al ver que la cabeza del muñeco ya se había derretido, no pudo soportarlo más. Salió del carro y fue directamente a confrontar a Noel.
—¡Oye, Roldán! ¿Cuál es tu problema? —La ropa de Benicio todavía tenía el lodo que Noel le había salpicado por la mañana, y al hacer el muñeco de nieve se había mojado la mitad. Tenía un aspecto bastante desaliñado.
Noel lo vio y se burló.
—¿No lo ves? El camino está resbaloso por la nieve, estoy limpiando la basura para que Fani no se resbale.
Nunca se había atrevido a llamarla Fani delante de ella, siempre le decía Estefanía. Pero hoy, frente a su exesposo, ¡tenía que mostrarse imponente!
Ese comentario enfureció a Benicio.
—¿A qué le llamas basura? —¡¿Cómo que ese muñeco de nieve era basura?! ¡Era su regalo de invierno para Estefanía!
—¡A esto! —Noel le arrojó otra cubeta de agua caliente al muñeco, que empezó a humear.
—Tú… ¡detente ahora mismo! —Benicio se abalanzó para quitarle la cubeta.
Noel no se la dio y ambos empezaron a pelear en el patio.
El suelo estaba resbaladizo, y Noel, como bailarín, tenía la ventaja. Benicio, claramente inferior en equilibrio, no tardó en perder el balance. Después de unos cuantos intercambios, Noel lo derribó fácilmente y comenzó a golpearlo en la cara y la cabeza.
¡Hacía tiempo que quería darle una paliza a ese tal Téllez!
Eso de que «en la cara no» le importaba un comino. ¡Ese tipo no tenía vergüenza!
—Te hice un muñeco de nieve y él… él le echó agua caliente.
Estefanía lo miró y dijo con indiferencia:
—¿Y qué? Fui yo quien se lo pidió.
Benicio se quedó atónito.
—Estefanía, tú…
—No me gusta tener basura en el patio.
Benicio sintió como si algo hubiera explotado en su cabeza, un estruendo que lo dejó mareado y aturdido. Tambaleándose, dio unos pasos hacia atrás y, al no poder mantener el equilibrio, volvió a caer al suelo.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...