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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 437

Estefanía lo miró y no pudo evitar soltar una carcajada.

—¿No piensas subir al carro? ¿O te vas a quedar ahí parado congelándote?

—¿Eh? —Noel tardó un momento en reaccionar, luciendo aún más desconcertado.

—¿Acaso piensas pasar la Nochebuena solo aquí, con este frío? —le espetó Estefanía con una sonrisa.

—No… yo… ah… de verdad… ay… yo… —dio varias vueltas sobre sí mismo—. ¡Ah, sí! ¡Espera un momento, voy por los regalos!

En realidad, ya se había imaginado que el primo de Estefanía vendría a buscarla para la Navidad. En secreto, había soñado e imaginado innumerables veces que Estefanía lo invitaría a ir con ellos. Y, por supuesto, también había pensado en qué regalos llevaría si eso sucedía, así que ya los tenía comprados.

Cuando salió de su casa, todo emocionado con los regalos, se encontró con que había alguien más junto al carro: Benicio.

Un momento, ¿no había desaparecido por más de diez días? ¿Por qué aparecía ahora?

No iría con ellos, ¿verdad? Gilberto no lo permitiría, ¿o sí?

Benicio había venido a darle un regalo a Estefanía.

Sabía que ella no pasaría la Navidad sola allí, y él, sin duda, no podría entrar en la casa de Gilberto. Por eso, quería darle su regalo en Nochebuena.

Lo que no esperaba era encontrarse justo con Gilberto viniendo a recogerla.

—Estefanía —dijo Benicio, forzando una sonrisa bajo la mirada gélida de Gilberto. Le tendió una caja de regalo—. Feliz Nochebuena.

Estefanía no la aceptó.

—Benicio, hay algo que no sé si debería decir, pero un buen ex es el que se comporta como si estuviera muerto, no el que aparece a cada rato como un fantasma.

El rostro de Benicio palideció.

—Solo quería desearte lo mejor…

—No me faltan regalos, y mucho menos buenos deseos. El mejor deseo que puedes darme es no aparecer. ¿Entiendes? —dijo Estefanía, frunciendo el ceño.

La mano de Benicio que sostenía el regalo cayó a su costado, y su mirada se ensombreció por completo.

—Dime tú, ¿por qué vienes ahora a darme regalos y a declararte? ¿Es de verdad por mi bien? Lo haces solo para satisfacerte a ti mismo. Te sientes culpable y por eso vienes a disculparte, esperando que te perdone. Cristina te traicionó y te engañó, y solo entonces te diste cuenta de que durante todos estos años amabas a la persona equivocada, así que ahora quieres recuperar tu antiguo amor. Pero, Benicio, yo ya no te amo. Como ya no te amo, tu insistencia solo me molesta. ¿Lo entiendes?

Estefanía soltó todo de una vez, segura de haber sido lo suficientemente clara como para que Benicio no volviera a buscarla. Al levantar la vista, vio a Noel parado a poca distancia.

—¡Noel, apúrate, te estamos esperando! —le gritó.

—¡Ya voy! —respondió Noel, corriendo hacia el carro. A propósito, empujó a Benicio para abrirse paso y subió.

Gregorio y Cristina habían sido condenados. Gregorio recibió una sentencia más severa, mientras que Cristina, por estar embarazada, cumpliría su condena fuera de la cárcel.

Los padres de Estefanía también estaban en prisión por maltrato. Ariel no había participado directamente en el abuso a su abuela, pero sin el apoyo de Benicio, su empresa no pudo sobrevivir. Su novia también lo había dejado; resultó que el embarazo era mentira.

—Una vez fue a mi oficina a buscarme, supongo que para pedirme ayuda, pero no lo recibí —dijo Gilberto—. Fani, ¿crees que soy cruel?

Estefanía negó con la cabeza al escuchar a su primo.

—Tú haz lo que tengas que hacer. Sé la clase de persona que eres.

Gilberto sonrió. Estefanía solo veía su lado bueno. Para ella, él era un buen primo, un buen nieto. Sin embargo, no lo conocía por completo.

Gilberto dijo todo esto sin importarle que Noel estuviera presente. Su reputación en el extranjero, especialmente en Europa, no era muy buena. Decían que era un tiburón, que no reconocía lazos familiares, que solo le importaban el poder y el dinero. En cambio, desde que había vuelto a su país, se había vuelto mucho más apacible. A él no le importaba si era realmente así; nunca se molestaba en explicarlo, y tampoco le importaba que Noel supiera de su mala fama.

Al final, había una descripción que era cierta: no reconocía lazos familiares, pero era extremadamente protector con los suyos.

Era increíblemente leal con la gente que le importaba, pero si alguien se atrevía a hacerles daño, no le importaba si también era familia.

Lo que no le contó a Estefanía fue que sus padres, es decir, sus tíos, recibirían el mismo trato que ellos le habían dado a su abuela. Temía que Estefanía se sintiera mal, pero algunas personas tenían que pagar por lo que habían hecho.

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