No quería admitir lo bien que se veían juntos, lo perfectamente que encajaban, la armonía que desprendían al bailar.
Lo que más le dolía era que ella pudiera volver a bailar, pero que la persona que la ayudaba a cumplir ese sueño no fuera él…
Cuando era él quien más deseaba que ella volviera al escenario…
Cuando era él quien habría hecho cualquier cosa por ponerla en lo más alto…
Cinco años, más de mil ochocientos días, en los que le había dicho más de mil veces: «Estefanía, deseo tu bien más que nadie en el mundo».
Ya fuera diciéndoselo a ella o en silencio a sí mismo, al final, había elegido la peor manera de hacerlo…
Creyó que darle buena comida, ropa cara y una vida de lujos era hacerla feliz. Nunca pensó que ella no era una mascota; nunca se le ocurrió que ella también quería tener su propio cielo, donde pudiera volar muy alto…
Ahora, finalmente, alguien la estaba ayudando a volar.
Se veía tan radiante, tan luminosa, igual que a los dieciséis años, cuando cruzó el patio frente a todos los estudiantes con una serie de saltos mortales hacia atrás para unirse a la foto de su grupo. ¿Acaso ella sabía que en ese momento era el centro de atención de todos?
Finalmente, había vuelto a ser esa persona…
Esa noche, vio el video una y otra vez. Incluso leyó cada uno de los comentarios de los usuarios.
Todos la elogiaban, y un orgullo indescriptible surgió en su pecho. «Esa es mi Estefanía. ¡Es mi Estefanía! Es así de maravillosa, merece que todo el mundo la quiera…».
De repente, alguien le arrebató el celular de las manos. Se enfureció.
—¡Devuélvemelo!
—¡Mira qué hora es! Llevas cinco horas pegado al celular. ¿Qué día es hoy? Al menos deséame una feliz Navidad para que te dé tu aguinaldo. ¿O crees que te lo voy a dar gratis?
—¡No quiero tu aguinaldo! Ya te dije que vine a verte morir. ¡No quiero nada! ¡Devuélveme el celular! —Intentó quitárselo.
Roberto miró el celular y sonrió.
—Vaya, ¿viendo a tu esposita? Ah, no, perdón, a tu ex.
Furioso, tomó su celular y se dirigió a su habitación. La voz de Roberto volvió a sonar a sus espaldas.
—¿Recuerdas que una vez te envié un correo?
Benicio se detuvo.
Hubo un tiempo en que su padre le envió muchos correos, pero él nunca respondió a ninguno.
—En ese entonces, te pedí perdón. Te dije que lo que más lamentaba en mi vida era haberle fallado a tu madre. —La voz de Roberto revelaba un matiz de tristeza—. No me hiciste caso, pero está claro que tampoco recordaste lo que te dije.
Benicio recordó que, efectivamente, había recibido un correo así, pero lo había borrado después de leerlo.
En aquel momento, su padre había sido traicionado por su nueva mujer, el hijo que ella esperaba no era suyo y, descorazonado, le había enviado ese correo. Él solo sintió burla y satisfacción: ¡eso era el karma!
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...