A medida que el ritmo de la música se ralentizaba, los pasos de todos también se hicieron más lentos.
El grupo que antes bailaba apretujado comenzó a dispersarse poco a poco, y el espacio alrededor de Estefanía y Noel se fue vaciando.
La música era cautivadora, sobre todo porque la banda estaba tocando una canción de amor muy tierna. Para dos personas con el corazón lleno de sentimientos no dichos, era imposible prestar atención a lo que sucedía a su alrededor. Apasionados como eran por el baile, sus cuerpos, sin darse cuenta, se acoplaron a los movimientos de un baile en pareja de su país.
Una vez que empezaron a bailar, no pudieron parar.
No importaba que el espacio a su alrededor se hubiera vaciado.
Tampoco importaba que todos hubieran regresado a sus asientos para verlos.
En ese momento, solo existía el baile.
Después de seis meses intermitentes de rehabilitación, Estefanía había mejorado mucho. Los movimientos que antes hacía a medias, ahora los ejecutaba con un ochenta por ciento de precisión. En especial, todas las cargadas las completó de manera impecable.
Y Noel, deseoso de resaltar toda la belleza de ella, incluyó muchas cargadas en la coreografía.
Ese día, debajo de su chamarra de plumas, Estefanía llevaba un vestido rojo de lana con una falda muy amplia. Al bailar, el vuelo de la falda era tan hermoso que los comensales no pudieron evitar sacar sus celulares para grabar.
Cuando la canción terminó, el lugar estalló en aplausos.
Estefanía no se había dado cuenta de que eran los únicos que quedaban bailando. Todos se habían convertido en su público, e incluso los bailarines profesionales del hotel les aplaudían.
La gente les levantaba los pulgares en señal de aprobación, y un par de chicas se acercaron a preguntarles de qué país eran y qué tipo de baile era ese.
—Somos del Estado Soberano de San Mateo, y esta es una danza de nuestro país —respondieron Estefanía y Noel casi al unísono.
—Fue increíble —dijo una de las chicas, mirando a Estefanía con los ojos llenos de estrellas—. ¿Eres un hada?
Estefanía sonrió.
—No soy un hada, solo soy una estudiante de danza.
—¿De verdad? ¿Cuánto tiempo has estudiado? Si yo quisiera bailar como tú, ¿cuánto tiempo me tomaría poder volar así?
Estefanía lo pensó un momento.
El restaurante compartió la publicación, añadiendo amablemente: «Feliz Navidad al hada del Estado Soberano de San Mateo».
Y entonces, se hizo viral.
Los comentarios eran puros elogios.
Aquel que decía «Yo lo sé, la gente del Estado Soberano de San Mateo sabe volar» tenía más de diez mil *likes*…
La abuela, al verla bailar, tenía los ojos húmedos.
Durante todos los años de crecimiento de Estefanía, solo la abuela sabía cuánto amaba bailar. Después de su lesión, no había vuelto a pisar un escenario, y eso entristecía a la abuela. Verla ahora recuperar su «magia» en el baile y recibir el cariño de tanta gente, ¿cómo no iba a alegrarse por ella?
Esa noche, no solo la familia de Estefanía vio el video. También lo vio Benicio Téllez.
En contraste con la calidez y la alegría del video, Benicio estaba sentado en la casa espaciosa pero lúgubre de Roberto. Al ver las imágenes, su expresión se ensombreció aún más.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...