Benicio desapareció de repente.
Desde Navidad hasta Año Nuevo, Benicio no volvió a aparecer en la vida de Estefanía.
A Estefanía no le afectó en lo más mínimo; de hecho, casi no volvió a pensar en él. Durante ese tiempo, su vida estuvo llena de festividades, reuniones familiares y de Noel. No había tiempo ni espacio para los recuerdos.
Si había una pequeña sombra en aquellos días llenos de felicidad, fue una mala noticia que escuchó en la clínica.
Se la contó la anciana de raza negra: Roberto había fallecido.
Aquel hombre que siempre estaba alegre y la llamaba «la pequeña bailarina» ya no volvería a aparecer por la clínica.
—Ay, ¡yo misma vi cómo su hijo se lo llevaba en la ambulancia al hospital! ¡Y el pobre viejo ya no regresó! —dijo la anciana, secándose las lágrimas.
En un lugar como la clínica, existía una sutil relación de solidaridad entre los pacientes. La muerte de uno de ellos inevitablemente provocaba tristeza en los demás.
Pero no pasaba de ser una tristeza pasajera.
Otros pacientes sentían curiosidad: ¿Tenía un hijo? ¿Cómo era? ¿Por qué nunca lo habían visto?
La gente es curiosa en todas partes.
La anciana tampoco sabía quién era ese hijo de Roberto que había aparecido de la nada. Solo dijo:
—Es del Estado Soberano de San Mateo, muy guapo. Su casa está en la calle de adelante, así que su hijo debe vivir por ahí. A lo mejor nos lo encontramos algún día.
En la vida, ya sea que la vivas intensamente o con tranquilidad, al final todo se lo lleva el viento.
Como Roberto. Durante los primeros días, los pacientes hablaron de él un poco, pero con el tiempo, también lo olvidaron. Nadie volvió a mencionarlo, y mucho menos a recordar que tenía un hijo que, quizás, vivía cerca.
***
Estefanía no se esperaba volver a escuchar el nombre de Benicio en esas circunstancias.
La fundación para personas con discapacidad también le respondió, reenviándole una nota del donante: «Cada niño es un ángel. Solo que al venir a este mundo, corrieron tan rápido que se les olvidaron algunas piezas en el camino. Espero, con este pequeño gesto, poder darles un par de alas para que encuentren sus sueños».
Sintió curiosidad. ¿De verdad le quedaba tanto dinero?
Antes de Navidad, su hermano le había contado que Benicio había vendido la empresa, e incluso le dijo por cuánto.
Entonces, ¿esas donaciones provenían del dinero de la venta?
—Su empresa tenía tecnología clave y códigos fuente importantes. Aunque la gestión no era buena, la marca todavía era reconocida. Además, el equipo principal de ingenieros no se fue, así que el paquete completo se vendió por un buen precio. Pero cuánto de ese dinero usó para pagar las deudas del banco, liquidar a los empleados y cómo lo repartió con los otros socios, eso ya es asunto suyo. No lo sé —le explicó su hermano.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...