Entrar Via

El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 449

La tía sonrió.

—Es una chica joven que está lejos de casa. Es normal que extrañe su hogar, ¿no?

Después de cenar en casa de la tía, Estefanía se quedó viendo a su abuela tejer un suéter de cachemira.

Desde que había llegado, la abuela se había fascinado con el diseño de joyas y la confección de ropa. Con el impulso de la tía, su pasión se había desatado. Ahora, en otoño e invierno, se había obsesionado con tejer a mano. Ya le había hecho un suéter a ella, a la tía y a su hermano. El que tenía en las manos parecía de hombre por el color, y Noel lo miraba con un anhelo evidente.

—Abuela, este no será para Coco, ¿verdad? —preguntó Noel con voz lastimera.

Coco era el perrito de la tía.

El comentario hizo reír a la abuela.

—¿Tú qué crees?

Noel no sabía qué decir. Lo pensó un momento y dijo:

—Cuando Coco también tenga uno, ¿yo podría tener unos guantes, abuela?

Ni se atrevía a pedir el suéter; con unos guantes se conformaba.

La abuela no podía parar de reír.

—Es para ti.

—¡Gracias, abuela! —La felicidad de Noel era incontenible.

El joven heredero de la familia Correa, cuyas prendas costaban una fortuna, estaba allí, compitiendo con un perrito por un suéter tejido a mano.

Estefanía lo observaba con una sonrisa, sintiendo una calma creciente en su corazón.

Como Noel estaba tan pendiente de su suéter de cachemira, se quedó al lado de la abuela viéndola tejer, y se les hizo tarde para volver. Así que se quedaron a dormir en casa de la tía.

En la casa había una habitación para Noel. De hecho, desde las vacaciones de Navidad, se quedaban a dormir allí de vez en cuando. Poco a poco, la casa se había ido llenando de cosas de Noel: ropa, artículos de aseo, incluso sus libros…

Parecía que, sin darse cuenta, ya se había integrado a la familia.

La habitación de Estefanía estaba en el segundo piso; la de él, en el tercero.

Al subir para irse a dormir, él se quedó remoloneando en el segundo piso, igual que hacía en el departamento cerca de la escuela, donde a menudo se quedaba a dormir y merodeaba frente a la puerta de su cuarto hasta que ella terminaba por echarlo.

Y ahora estaba haciendo lo mismo…

Estefanía sonrió, se puso de puntillas, le dio un beso fugaz en la mejilla y se metió rápidamente en su habitación.

Él se quedó mirando su espalda con una sonrisa.

Ernesto nunca le ocultaba nada.

—Hoy pasaron varias cosas.

—¡Dime una por una!

Él ordenó sus pensamientos.

—Es Navidad, y en la cárcel permiten visitas. Me llamaron para decirme que Gregorio quiere que le lleve a Fabiana, que extraña a la niña.

—¡Qué visita ni qué nada! —Beatriz se encendió al oírlo—. ¿Crees que es un orgullo para la niña saber que tiene un padre así?

Ernesto lo pensó y le dio la razón…

—¿Qué más?

Ernesto suspiró.

—Beni desapareció.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo