Era Benicio…
El dueño de «La Casa de las Galletas», el novio de la chica rubia, el hombre maduro y guapísimo del que hablaba la enfermera, era Benicio…
Benicio también la vio.
Le hizo un leve gesto con la cabeza, con una expresión distante y una mirada fría, como la que se le dedica a un conocido con el que no se tiene confianza.
De repente, Estefanía sintió un brazo rodearle la cintura con firmeza. Era Noel, que se había acercado y ahora miraba a Benicio con hostilidad.
Estaba marcando su territorio, sin duda…
Benicio, por supuesto, lo entendió. Mantuvo su expresión serena y una ligera sonrisa en los labios.
—Normalmente es Ana quien trae los postres, pero hoy no podía con un pastel de tres pisos.
Sonaba como una excusa, una explicación de por qué estaba él allí.
La enfermera que le había estado insistiendo a Estefanía con lo guapo que era Benicio se sorprendió. Miró a Estefanía y luego a Benicio.
—¿Se conocen?
Estefanía observó la expresión impasible de Benicio y, justo cuando iba a hablar, él sonrió amablemente.
—Ambos somos de Puerto Maristes. Nos conocimos cuando yo tenía una empresa allí.
—¿También tenías una pastelería en Puerto Maristes? —insistió la enfermera.
Varias de las enfermeras de la Clínica habían sido contratadas el año anterior, recién graduadas. De lo contrario, no reconocer a Benicio, que también había ido a la Clínica de Puerto Maristes, habría sido raro.
O quizás lo habían visto y simplemente lo habían olvidado.
Al fin y al cabo, por la Clínica pasaban muchísimos pacientes.
Benicio hizo una pausa y respondió con educación:
—No.
—¡Vaya! ¿Y por qué cambiaste de giro para abrir una pastelería aquí? —continuó la enfermera, llena de curiosidad.
Ambos salieron juntos de la Clínica. Mientras caminaban, Ana se aferró a su brazo y le decía algo. Él se inclinó ligeramente para escucharla.
La enfermera ya había empezado a lamentarse en voz alta.
—¡Qué hombre tan perfecto! ¡Porque a su novia le gustan los pasteles, abre una pastelería! ¡Y porque a ella le gustan las casas de cuento, decora la tienda como una casa de galletas! ¡Y encima es así de guapo!
Su vista de águila detectó la tarjeta entre las flores, la sacó rápidamente y volvió a chillar.
—¡Wow, hasta su letra es preciosa! ¡Está en español, seguro que la escribió el dueño!
En la tarjeta ponía: «Les deseo una vida plena y feliz».
Estefanía reconoció esa caligrafía. Eran las letras de Benicio, sin duda. Su letra le resultaba familiar.
Miró hacia la puerta, pero Benicio y Ana ya habían desaparecido.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...