El pastel era de frutos rojos, una mezcla de varias bayas. Se veía delicioso.
Pero Estefanía no lo probó. No podía. Temía que si lo hacía, el celoso que tenía al lado la obligaría a comer los pasteles que él horneara durante el próximo mes.
Así que, después de cantarle las mañanitas al doctor Álvarez con el resto del personal, tomó a Noel de la mano y se fueron.
Sin embargo, para su sorpresa, Benicio y Ana no se habían ido muy lejos.
Estaban en una pizzería al lado de la Clínica.
Era una pizzería bastante popular, con largas filas todos los días. Ellos ya habían comprado la suya. Justo cuando Estefanía salía, vio a Benicio darle un trozo de pizza a Ana en la boca.
Ana dio un mordisco y sonrió hasta que sus ojos se convirtieron en dos medias lunas.
El sol se ponía, bañando la ciudad en una rara luz dorada que se posaba sobre ellos, sobre la sonrisa de Ana. Si uno no supiera por todo lo que había pasado Benicio, la escena sería la viva imagen de la felicidad.
El carro de Noel estaba estacionado un poco lejos, y para llegar a él, tenían que pasar justo por delante de la pizzería.
—Vamos —dijo Estefanía.
Quería rodear la fila de gente para evitar el incómodo encuentro cara a cara con Benicio.
Pero Noel, tomándola de la mano y con el rostro tenso, caminó con determinación directamente hacia donde estaba Benicio.
Estefanía suspiró para sus adentros. Bueno, qué se le iba a hacer.
Un encuentro tan directo era imposible de ignorar, no solo para ella, sino también para Benicio.
Benicio y Ana, con la caja de pizza en las manos, se quedaron parados uno al lado del otro. Una vez más, solo asintieron con la cabeza a modo de saludo.
Ni una palabra.
Así, Noel la llevó de la mano, pasando frente a Benicio y atravesando la larga fila de gente hasta llegar a su carro.
Mientras tanto, Benicio y Ana se quedaron en la acera, aparentemente esperando para cruzar la calle.
Cuando Noel arrancó, se detuvo para cederles el paso.
El peatón siempre primero; Noel solía ser muy cortés al volante. Pero justo cuando Benicio y Ana se disponían a cruzar y le agradecían con un gesto, Noel se inclinó de repente y le dio un beso en la mejilla a Estefanía.
Estefanía miraba fijamente hacia adelante, y su mirada se cruzó con la de Benicio.
Noel se quedó callado un buen rato antes de decir:
—Lo siento, Estefanía. Es que me da miedo que sea como un fantasma que no nos deja en paz.
—Ya viste que tiene novia y que se llevan muy bien. No te hagas ideas raras —dijo Estefanía, tratando de calmarlo.
Noel asintió.
—Estefanía, hoy no comiste pastel. ¡Te voy a hornear uno en casa!
—Claro —aceptó ella.
No se esperaba que Noel también horneara un pastel de frutos rojos. Era uno pequeño, de apenas diez centímetros, pero estaba hecho a la perfección. Se lo presentó como si fuera un trofeo.
«¿También tenía que competir en esto?», pensó. «¿O es que de verdad no podía superarlo?».
Al final, Estefanía decidió no decir nada. Esa actitud de niño pequeño era incorregible…
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...