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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 413

Claudio parecía un poco perdido.

—¿Y si fue porque estaban borrachos o algo así? —preguntó, sin mucha convicción.

Cristian soltó una leve sonrisa.

—¿Alguna vez has visto a Rubén borracho de verdad?

—Pues, la verdad no mucho. Pero aunque tome lo que sea, siempre mantiene la cabeza fría.

Cristian le recordó con tranquilidad:

—Cuando Rubén estaba en su peor momento, cuando más necesitaba un escape, jamás se pasó de la raya con Margarita. ¿De verdad crees que ahora haría algo fuera de lugar?

Al escuchar eso, Claudio se notó mucho más tranquilo. Él siempre había confiado en Rubén, pero las palabras de Sabrina lo habían inquietado de tal forma que hasta dudó de su amigo.

Quizá nunca debió haberlo hecho. Al final, todos en su grupo sabían que Rubén llevaba años entregándose de corazón a alguien muy especial. Era un secreto a voces.

...

A las dos de la madrugada, una tormenta invernal azotó Clarosol. El golpeteo de la lluvia resonaba en las calles vacías y, a diferencia del verano, el frío se hacía cada vez más intenso después de la lluvia.

Las gotas caían en un ritmo constante y nervioso, como si el cielo estuviera tan inquieto como los que no podían dormir esa noche.

A las dos y media, Marisa por fin comenzó a despertar.

Sus labios estaban pálidos, la mirada apagada, como si la fuerza con la que solía enfrentar la vida se hubiera desvanecido. Sus ojos vagaban por la habitación, desenfocados.

Sabrina, sentada junto a la cama, tenía el rostro cansado. Pero al ver que Marisa se movía, se levantó de inmediato y le tomó la mano con fuerza.

—Marisa, ¿ya despertaste? ¿Te duele algo? ¿Te sientes mal?

Marisa intentó mover los labios, resecos y agrietados. Quiso hablar, pero las palabras no salieron; en su mente, las imágenes aparecieron como relámpagos: la cara de Penélope, convertida en una sombra aterradora, el destello de una navaja reflejando la luz...

Tragó saliva y, con una voz apenas audible, preguntó:

—¿Cómo supiste lo que me pasó?

Sabrina le contó, con palabras sencillas, cómo se enteró del ataque y todo lo que había sucedido después.

Marisa frunció el ceño, preocupada.

—¿Y mi mamá? ¿No vino también? No la he visto...

Sabrina dudó un momento, bajando la mirada. Tardó en responder.

—Tu mamá... se asustó mucho y se desmayó. Ahora está en la habitación de al lado, descansando. El doctor dijo que está bien, solo necesita reponerse un poco. No te preocupes, cuando esté mejor vendrá a verte.

Marisa asintió despacio, y su mirada recorrió la habitación buscando algo, o quizá a alguien.

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