Lástima que no podré verlo con mis propios ojos.
—Sí, ya lo tenía todo arreglado desde temprano.
Después de colgar la llamada, Sabrina volteó a ver a Marisa, quien mantenía una expresión serena.
Sabrina, con curiosidad, preguntó:
—¿Ya te imaginabas que Rubén haría algo así desde temprano?
Marisa negó con la cabeza, tranquila.
—Solo sospechaba que podía hacerlo, pero no tenía la certeza de que de verdad lo haría. Solo ahora, después de tu llamada, me quedó claro.
Sabrina soltó un resoplido.
—Vaya, sí que lo conoces bien.
Marisa se quedó pensando y le contestó con una pregunta, como si hablara consigo misma:
—¿De verdad lo conozco?
No era una pregunta para Sabrina, sino una interrogante dirigida a su propio corazón.
En ese instante se cuestionó de verdad.
Si de veras conociera a Rubén, no hubiera tenido que esperar la llamada de Sabrina para confirmarlo. Solo era una corazonada, una intuición de que él actuaría así, pero ni eso podía asegurar en este momento. La Marisa de ahora ya no se atrevía a dar nada por hecho respecto a Rubén.
Sabrina giró los ojos y, después de dar varias vueltas a sus pensamientos, volvió a hablar:
—Pero Rubén no se supone que está muy al pendiente de ti? Y aun así, desde que estás en el hospital, nunca se ha aparecido. Es rarísimo, de verdad. No entiendo qué se traen en la cabeza los ricos como él.
Marisa le sonrió, divertida.
—Hermana, dime, ¿cuál de tus clientes no tiene dinero o algún cargo importante? Si no logras descifrar lo que piensan los ricos, mejor ve pensando en buscar otro trabajo porque te espera una crisis laboral.
Sabrina frunció los labios.
—Mis clientes sí son de lana, pero como Rubén, que parece que nada en billetes, hay pocos.
—Mira, aquí tengo unas fotos que le tomé ese día.
Marisa tomó el teléfono y notó que las imágenes estaban tomadas desde ángulos extraños, algunas hasta borrosas.
—¿Esto fue a escondidas?
Fabiana se encogió de hombros con una sonrisa nerviosa.
—Ya sabes cómo son los artistas, todos con sus manías raras. Davis no deja que nadie le tome fotos a sus cuadros. No me quedó de otra más que hacerlo a escondidas.
Marisa arrugó el ceño y siguió observando las imágenes, tratando de captar cada detalle de la obra de Davis.
Fabiana, emocionada, siguió hablando a su lado.
—Davis es, sin duda, el más prometedor de los nuevos artistas. Sus obras son enormes, con un estilo súper expresionista. Casi siempre trata temas de la civilización industrial, el destino de la humanidad, esas cosas profundas...
Las palabras de Fabiana eran un torrente de entusiasmo, pero también se notaba su frustración.
—Le ofrecí el contrato más alto que podemos dar en Jasmine, pero él ni se inmutó, como si el dinero no le hiciera falta. La verdad, yo ya no sé cómo convencerlo. Mejor piensa tú en algo, señorita Páez.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...