Mientras hablaba, amplió una de las fotos en la publicación.
—Oye, Sabrina, ¿esto no es la firma de esa actriz famosa?
Sabrina tomó el celular y se puso a examinar la imagen con atención. En realidad, la foto era para mostrar las pinturas, pero por accidente también capturó una esquina de la mesa, donde parecía verse una firma.
—¡Ah! ¡Sí es la firma de esa actriz! Pero ahí viene el problema: ¿tú crees que es fácil conseguir que una actriz de moda aparezca así como así?
La pregunta de Sabrina le dio justo en el clavo a Marisa.
Guardó silencio un rato antes de responder:
—Si por la vía formal no se puede, pues ni modo, habrá que buscarle por otro lado, ¿no?
...
Claudio mantuvo el carro siempre a una distancia prudente. Les habían permitido acompañar el traslado, así que lo mínimo era no causar problemas.
Al llegar al lugar, Claudio estacionó el carro lejos y, junto con Rubén, se bajó y caminaron hasta el sitio.
Penélope fue bajada del carro en el que la llevaban detenida.
Su cara tenía el color de la ceniza.
Aunque no creyera del todo las palabras que Rubén le había soltado, en el fondo sabía que nadie podía montar una escena así; tenía que ser verdad.
Rubén, a varios metros de distancia, se quedó observando a Penélope, disfrutando cada segundo de su expresión.
Cómo hubiera querido tomarle una foto y enviársela a Marisa. Decirle: “Mira, la persona que te hizo daño ahora está como si la hubieran arrojado al infierno, es la más miserable del mundo”.
No podía aliviar el dolor de Marisa, pero se aseguraría de que quien le hizo daño no se librara tan fácil.
Rubén, sin pensarlo mucho, sacó su celular y le tomó una foto a Penélope en ese instante.
—¡Abusaste de tu poder! ¡Por tu culpa mi hijo está muerto! ¡Te voy a denunciar! ¡Tienes una muerte en tus manos!
Rubén levantó la cabeza y se permitió una sonrisa amplia. Desde hacía mucho no se sentía tan a gusto.
—¿Me vas a denunciar? Entonces será mejor que vivas muchos años.
Vivir mucho tiempo, cargando esa rabia, sin que nadie responda por ella; seguir tragándose el coraje hasta el último día, con esa espina clavada en el corazón.
Claudio, después de hablar un par de cosas con el encargado, regresó al carro con Rubén.
Cuando vio que el grupo entraba al edificio, Claudio soltó el aire que había contenido.
—Rubén, ya avisé que Penélope podrá presenciar todo el proceso de la ejecución.
Rubén asintió apenas, su mirada perdida en la pantalla del celular, como si estuviera pensando en otra cosa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...