El equipo seguía quejándose sin parar.
—Señorita Barrera, la asistente de la señorita Páez lleva días descansando, ¿no podría apiadarse de nosotros y darnos unos días libres también?
Cuando mencionaron a la asistente de Marisa, Fabiana no pudo evitar pensarlo: ya había visto cosas, pero nunca a una jefa tan flexible. Marisa, al lesionarse y no poder ir a la galería, simplemente le dio vacaciones largas a su asistente también. Incluso hoy, que ella misma había regresado a trabajar, no exigió que la asistente volviera corriendo a su lado.
¿En dónde se encuentra una jefa así, que ni tantito se da aires ni explota a su gente?
Antes, Fabiana no creía que existieran personas así. Ahora ya no tenía dudas.
—Ya, ya, mejor dejen de quejarse —comentó Fabiana, rodando los ojos—. En serio que la señorita Páez se lleva los problemas más difíciles ella sola. Díganme, ¿si no fuera por ella, ustedes podrían venir a trabajar tranquilamente? ¡Seguro ya estarían todos como detectivillos, día y noche, vigilando la entrada del fraccionamiento de Davis!
Las palabras de Fabiana calmaron un poco los ánimos. Aun así, no tardaron en aparecer las bromas y los comentarios.
—¿Por qué Davis es tan complicado? ¿Será que toda la gente con vena artística es igual de difícil?
—Sí, de verdad que no hay manera de tratar con él —agregó otra persona—. No solo no nos da ni un poco de consideración, tampoco se la da a nadie más. ¿Qué otro recién llegado al medio se atreve a hacer eso? Ni siquiera ha entrado bien al círculo y ya se peleó con casi todos. Así, ¿de verdad cree que va a triunfar en este negocio?
—Yo leí en internet que, si Davis no se pone a pintar en serio, no le va a quedar de otra más que regresar a Terranova a hacerse cargo del banco de su papá.
Fabiana chasqueó la lengua, divertida.
—Ah, ¿así que es hijo de rico? Ahora entiendo por qué tiene ese aire de que el dinero no le importa y camina como si el mundo fuera suyo. A partir de hoy, todos los hijos de papá son mis enemigos, porque ellos sí se robaron la vida que yo quería.
El equipo entonces empezó a especular cuál sería el as bajo la manga de la señorita Páez esta vez.
—La vez pasada, para la inauguración, la señorita Páez trajo al señor Cáceres. ¿Ahora qué se le ocurrirá?
...
Por su parte, Marisa conducía el carro de la galería rumbo a la dirección que Fabiana le había enviado. Era un fraccionamiento caro, de esos recién construidos cerca del centro. Para poder entrar, tuvo que anotarse varias veces en la caseta. El lugar estaba lleno de árboles y jardines; parecía un pequeño bosque.
Por poco y se pierde dando vueltas en el carro.
Finalmente, estacionó frente a una pequeña villa de dos pisos, tomó una foto de la entrada y la envió a Fabiana.
[¿Es aquí?]
[¡SÍ! Señorita Páez, por favor, si Davis no quiere recibirte, no intentes forzarlo.]
Marisa leyó el mensaje de Fabiana y soltó una media sonrisa resignada. Como si ella fuera de las que imponen las cosas por la fuerza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...