Entrar Via

El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 453

Marisa pensó que solo alguien muy peculiar podría causar este tipo de situaciones.

Con esa idea en mente, se armó de valor y empujó la puerta que ya estaba sin seguro.

La puerta se abrió despacio, revelando un departamento decorado en tonos grises y negros, con un estilo nórdico tan ordenado que hasta se sentía un poco solitario. Junto a la ventana, un caballete sostenía una pintura a medio terminar.

Aunque no estaba completa, bastaba una mirada para quedar impresionada.

En ese instante, Marisa entendió por qué decían que Davis era el autor joven más prometedor para firmar contrato.

Tenerlo en la editorial era una apuesta segura, sin margen de pérdida.

Al principio, le había parecido exagerado lo que Fabiana decía de los contratos millonarios, ocho o nueve cifras. Pero ahora lo comprendía: ese trazo tan vivo, que creaba un impacto visual tan fuerte, no tenía nada de exageración.

El área junto al caballete estaba algo desordenada, con pinceles y tubos de pintura regados por ahí.

Marisa echó un vistazo alrededor.

—¿Señor Mariscal? ¿Está aquí?

Le daba un poco de pena haber entrado así, sin avisar.

Por eso dudó si debía avanzar y cruzar el umbral de esa puerta.

Entrecerró los ojos, repasando la habitación, pero no vio a nadie.

De repente, un grito agudo rompió el silencio y la hizo lanzarse al interior.

—¡Ayuda!

Sin pensarlo dos veces, Marisa corrió hacia el lugar de donde provenía el grito, tanteando hasta llegar al baño.

—¡Por favor, ayúdenme!

La voz volvió a sonar desde adentro y Marisa empezó a imaginarse mil cosas.

¿Y si Davis había tenido un accidente en el baño? ¿Por eso nadie respondía a sus llamados?

Todo empezaba a tener sentido.

Sí, era una situación digna de una telenovela.

Pero si lograba ayudar a Davis, ¿no sería más fácil concretar el contrato? Al menos, no le pondría tantas trabas.

Con tantas burbujas, en realidad no había visto nada fuera de lugar.

Trató de justificarse:

—Escuché que pedía ayuda y pensé que le había pasado algo. Por eso entré corriendo.

—¿Y no pudiste esperar a escuchar la frase completa? Yo dije: "¡Ayuda! El capibara es demasiado tierno".

Marisa se rascó la cabeza, con cara de no saber dónde meterse.

—¿Puede voltearse, por favor?

—No pienso voltear.

Le daba miedo ver algo que no debía.

Pero al segundo siguiente, oyó movimientos detrás de ella. Davis ya se había puesto la bata, se plantó frente a Marisa y le mostró la pantalla de la tableta.

—A ver, dime, ¿no son tiernos los capibaras?

Marisa se animó a voltear y lo que vio fue un personaje de caricatura, con una enorme cabeza amarilla y una mandarina en la coronilla...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló