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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 477

Enrique dejó escapar una ligera sonrisa.

—Si mis consejos te sirvieran de algo, no estarías aquí ahora mismo.

Al salir de la habitación del hospital, Enrique marcó el número de su hermano mayor.

En cuanto la llamada fue atendida, la voz de su hermano resonó al otro lado, cargada de enojo.

—¡Davis ya hace suficientes locuras por su cuenta, no era necesario que tú también te sumaras a sus ocurrencias! ¿Ahora resulta que va a quedarse trabajando en Clarosol? ¡Eso es un disparate! Desde un inicio no debimos dejarlo irse para allá. Si algún día muere en Clarosol, Enrique, será completamente tu responsabilidad.

Enrique mantuvo su expresión impasible, ni una sola emoción se reflejaba en su rostro.

—Hermano, y si Davis muriera en Suiza, ¿entonces de quién sería la culpa? Nadie puede asegurar que este viaje a Suiza le garantice la vida. Incluso, con la forma de ser de Davis, no me sorprendería si no llegara ni siquiera al avión. Hermano, la enfermedad de Davis es algo que nadie hubiera querido, pero ya que así pasaron las cosas, lo mínimo que podemos hacer es respetar su decisión. Al menos, quedándose en Clarosol, sigue motivado por su trabajo, por esas obras que tanto menosprecias. Él necesita terminarlas. Así, Davis sigue encontrando razones para vivir.

En etapas tan avanzadas de una enfermedad, ni los mejores médicos ni los recursos más sofisticados del mundo pueden asegurar la supervivencia.

Por eso, la voluntad del paciente es lo más importante de todo.

Enrique no quiso discutir más.

—Si tú y mi cuñada necesitan a alguien a quien culpar para sentirse tranquilos, está bien. Si a Davis le pasa algo en Clarosol, toda la responsabilidad será mía.

Cansado de darle vueltas al mismo tema, Enrique colgó la llamada y regresó a la habitación.

Aunque no entró, se quedó en la puerta.

—Ya hablé con tu papá. Vas a quedarte en Clarosol y debes cuidar tu salud. Durante este tiempo, vendré de vez en cuando por trabajo, y siempre que pase por aquí, iré a verte. Por cierto, mi vuelo sale pronto, así que ya me voy.

Davis todavía no terminaba de procesar lo que pasaba. Él ya se había preparado mentalmente para enfrentarse en una batalla campal con la familia Mariscal, dispuesto a pelear por su derecho a quedarse en Clarosol. ¿Y ahora resulta que podía quedarse sin más?

...

En otra habitación, en el piso de abajo.

—No hay de qué.

Parecía que iba a decir algo más, pero recordó las indicaciones que le habían dado antes de llegar y decidió cambiar de tema.

—Señorita Páez, si sigue usando la pomada como le indiqué, no le quedarán marcas. Además, podrá seguir pintando sin problema.

Marisa abrió los ojos sorprendida.

—¿Cómo supo que me dedico a la pintura?

El doctor se mostró un poco incómodo por la pregunta, pero enseguida improvisó una respuesta.

—He seguido de cerca el mundo del arte, por eso supe que usted se dedica a eso. Bueno, ya no puedo quedarme a platicar. Tengo otra consulta pendiente.

Con eso, el doctor salió, dejando a Marisa aún sorprendida y un poco más tranquila.

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