Sofía pensó que el joven seguramente había regresado por lo de la señora.
Rubén entró al vestíbulo principal de la casa, esforzándose por contener la emoción que se le desbordaba en el rostro. Quería preguntar con calma, pero el temblor en su voz lo delató.
—Sofía, ¿y Marisa? ¿No que ya regresó? ¿Se siente mal y por eso está descansando en la habitación?
Sofía lo miró con una expresión incómoda, torciendo los labios mientras respondía con titubeos:
—Señor, la señora... hace como media hora ya había empacado sus cosas y se fue...
El asombro de Rubén fue tan grande que sus ojos, tan brillantes como una noche estrellada, parecieron quebrarse por dentro.
Entrecerró la mirada. Había un matiz de pánico en su expresión, uno que no alcanzó a disimular.
—¿Se fue? —repitió, como si la palabra no le cupiera en la garganta—. ¿Y se llevó sus cosas?
Sofía asintió despacio.
No quería ser ella quien le diera esa noticia, pero era la verdad. No era algo que se pudiera disimular o tapar con palabras.
Al ver que su señor parecía completamente deshecho, Sofía se apresuró a consolarlo:
—Señor, la señora mencionó que últimamente el avance en el salón de arte ha sido lento, que se quedará un tiempo en la galería para prepararse para la exposición de invierno...
Sofía esperaba que con eso Rubén se sintiera un poco mejor.
Pero él entendía perfectamente lo que significaba que Marisa empacara y se fuera justo en ese momento, alejándose de la casa de los Olmo.
Rubén necesitó un par de minutos para recobrar la calma.
Sofía, todavía preocupada, preguntó:
—Señor, ¿quiere que vaya preparando la cena? Hoy llegó más temprano...
Rubén agitó la mano en el aire, negando. Cuando volvió a hablar, ya había logrado controlar su ánimo, aunque su voz sonaba más áspera de lo normal:
—No, no tengo ganas de comer.
Sofía le dedicó una mirada llena de compasión.
—Muy bien, señor. Si en algún momento le da hambre, puedo decirles que preparen algo. Lo que sea que quiera, dígamelo a mí.
—¿Hola? ¿Rubén? ¿Necesitabas algo?
Él apretó los labios, la mirada fija en el ramo de flores sobre la ventana. Al principio, ni siquiera consiguió emitir sonido.
Tuvo que aclararse la garganta.
—Sofía me contó que volviste.
Del otro lado, Marisa dudó un instante, pero respondió pronto:
—Sí, salí del hospital hoy. Solo pasé a recoger algunas cosas y me fui.
A Rubén se le humedecieron los ojos.
La habitación aún conservaba algunos objetos de ella, detalles sueltos aquí y allá. Pero ahora, si uno no los buscaba con atención, ni siquiera los notaba.
Sentía el pecho desgarrado, como si alguien lo partiera al medio.
—¿Por qué te fuiste con tus cosas? —preguntó, la voz apenas un susurro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...