—Davis, hay un programa de variedades en la televisión últimamente, y me gustaría que participaras. El primer episodio saldría justo antes de la exposición de invierno, y de esa manera…
Apenas había dicho la mitad de la frase cuando Davis se levantó de un salto. Su rostro estaba pálido y miraba a Marisa con el ceño fruncido.
—¿Así que para convencerme de participar en esa cosa te tomaste la molestia de traer a Melina? ¡Marisa, eres capaz de cualquier cosa con tal de sacar adelante tu galería! ¡En mi contrato dice clara y explícitamente que no necesito participar en eventos para promover a Jasmine! ¡Mi único trabajo es pintar!
Ese era su principio fundamental como artista.
No debía preocuparse por nada que no fuera pintar.
El tono de voz de Davis era alto y su actitud, extremadamente seria, muy diferente de su habitual forma de bromear.
Marisa no se esperaba esa reacción.
Melina, como si estuviera viendo una obra de teatro, paseaba la mirada de Davis a Marisa y viceversa.
Marisa frunció el ceño, sintiéndose en aprietos, sin saber qué hacer.
Davis respiró hondo y se acercó a Marisa.
—Quítate.
Marisa no se movió. Levantó la cabeza y se encontró con la mirada severa de Davis. Intentó explicar.
—Sé que solo quieres pintar. Lo del programa, tómalo como un trabajo extra que la galería te pide. Te pagaremos la compensación y los honorarios que quieras, todo es negociable…
Davis bufó y arrugó la nariz.
—¿Compensación y honorarios? Marisa, ¿eres tonta o se te comieron el cerebro los zombis? ¿Crees que me falta dinero?
Él era el joven heredero de Terranova; Marisa sabía perfectamente que no le faltaba dinero.
Pero había apostado mal, creyendo que Davis era fan de Melina. Ahora que se dio cuenta de que todo era un malentendido, solo podía intentar arreglarlo con dinero…
—Quítate.
Davis se fue, furioso.
Melina, después de disfrutar del espectáculo, soltó una risa burlona.
—Señorita Páez, el señor Mariscal ya se fue. Supongo que ya no hay razón para que me quede, ¿verdad?
Marisa trató de mantener la compostura y la cortesía.
—Claro, señorita Zacarías. De todas formas, muchas gracias por haber venido hoy. Lamento las molestias.
Melina salió del salón con aire de superioridad. Apenas subió a su carro, empezó a quejarse con su asistente.
—Esa estúpida de la galería Jasmine ni siquiera se informó bien y me hizo venir. ¡Qué idiota! Por eso la humillaron así en público. ¡Bien merecido se lo tiene!
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...