—¡Señor Mariscal! ¡Se le olvidó el café!
Davis ni siquiera se giró. Se fue a toda prisa, gritando:
—¡No importa, tengo algo urgente que hacer!
Fabiana observó la espalda de Davis con una sonrisa de satisfacción.
Qué bien. Marisa siempre estaba resolviendo los problemas de Jasmine, y esta vez, ella había podido ayudar un poco.
Al menos le había quitado un peso de encima a la señorita Páez.
***
En el Edificio Olmo.
Marisa seguía a Rubén. Entraron uno detrás del otro en el elevador.
Rubén presionó el botón del estacionamiento.
Pero Marisa lo canceló y presionó el botón del primer piso.
Rubén se sorprendió.
—¿Ya no quieres irte en mi carro?
Marisa negó con la cabeza.
—No es eso, tengo un asunto que atender en la recepción.
Rubén la miró con interés.
—¿Ah, sí? ¿Qué asunto podrías tener en la recepción?
—Cuando lleguemos, lo sabrás.
El elevador llegó al piso indicado. Marisa no esperó a Rubén; salió directamente y se dirigió a toda prisa hacia la recepción. Con una sonrisa, buscó a la recepcionista que la había acompañado antes.
Miró detenidamente la placa con su nombre y la saludó con amabilidad.
—Señorita Murillo, hola. Me llamo Marisa.
La recepcionista levantó la vista y se quedó atónita al ver a Marisa.
—¿Señora Olmo? ¿Usted por qué…?
Marisa siguió sonriendo, con una dulzura única en la mirada.
Le entregó el dibujo que había hecho.
—Es un pequeño detalle de mi parte, espero que te guste.
La emoción fue tal que se quedó sin palabras.
Marisa, al notar su turbación, dijo rápidamente:
—Bueno, Rubén y yo ya no te quitamos más tiempo.
Los ojos de Alma se enrojecieron. Se frotó los ojos y, con la voz algo entrecortada, dijo:
—De acuerdo, adiós, señor Olmo, señora Olmo.
Después de verlos subir al elevador que iba al estacionamiento, Alma recibió una llamada de recursos humanos.
Era una orden directa de cambio de puesto.
Alma se tapó la boca, sorprendida.
—¿Qué? ¿De verdad puedo ocupar el puesto de traductora?
La persona de recursos humanos le dijo con una sonrisa:
—La señora Olmo revisó personalmente su currículum. Se graduó del Instituto de Idiomas de Clarosol, ¿por qué no iba a poder hacer el trabajo de traductora? El señor Olmo también cree que es capaz, por eso la orden de traslado se emitió tan rápido. Todos confiamos en usted, ¡no puede dudar de sí misma!
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...