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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 574

La repentina declaración de Rubén dejó a Marisa desconcertada.

Miró la pantalla y le costó imaginar cómo Rubén, con su traje impecable y su aire serio, podía decir palabras tan dulces.

Marisa levantó la vista, concentrándose en el camino, pero en realidad era para que Rubén no viera su sonrojo.

Le siguió el juego.

—Ni siquiera te he contado nada. ¿Cómo sabes que me porté bien?

«¿Acaso Rubén puede leerme la mente?», pensó.

Rubén sonrió misteriosamente.

—Adivina.

Marisa se encogió de hombros con una sonrisa.

—No voy a adivinar.

El ambiente entre ellos era perfecto.

Rubén tomó el café de la mesita y observó en silencio a Marisa, que conducía concentrada.

En un semáforo en rojo, Marisa miró a Rubén y se fijó en la taza de café que tenía en la mano.

Normalmente, él bebía té, y en ocasiones, leche o jugo recién exprimido.

Su voz se tiñó de una leve preocupación.

—¿Tienes mucho trabajo en este viaje?

Rubén se recostó en el sofá. Lejos de las miradas ajenas, su rostro mostraba un cansancio inusual.

Justo cuando Marisa esperaba una respuesta negativa, escuchó un suave «sí» al otro lado de la línea.

—Sí…

Marisa se sorprendió un poco. No era la primera vez que le hacía esa pregunta.

Sin embargo, la mayoría de las veces, Rubén decía que no estaba ocupado, que no estaba cansado.

Parecía que esta vez, el trabajo realmente lo estaba afectando.

Los ojos de Marisa reflejaron una pizca de compasión.

Levantó la vista hacia la pantalla.

Él llevaba la bata del hotel y, bajo la luz amarillenta, las ojeras bajo sus ojos parecían más pronunciadas.

Capítulo 574 1

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