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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 599

Tenía que hacerle sentir a Rubén que de verdad necesitaba su compañía.

[Sí, el bar está cerca del hotel. Escuché que es el mejor de Asia.]

El rostro de Rubén cambió por completo, abandonando la frialdad de antes.

En su lugar, apareció una sonrisa.

José no entendía esa sonrisa.

Claramente, el trabajo y acompañar a la señora Olmo entraban en conflicto.

Cualquiera se sentiría en un dilema, ¿no?

Pero su jefe, el señor Olmo, parecía encantado.

[De acuerdo. Intentaré terminar el trabajo lo antes posible, sobre las ocho.]

Marisa sonrió sosteniendo el celular. Tenía que admitir que, aunque era un poco caprichoso de su parte, ver el mensaje de Rubén la hizo sentir muy feliz.

Marisa pensaba quedarse en el hotel viendo alguna serie mientras esperaba a que Rubén terminara de trabajar.

Pero en menos de quince minutos, tocaron a la puerta.

Se levantó y, antes de abrir, miró por la mirilla.

Vio a una chica algo delgada y de piel morena.

Iba bien vestida y tenía una sonrisa en el rostro.

Marisa abrió, pensando que era personal del hotel.

Elsa la miró con envidia. —Qué suerte, señora Olmo. Un hombre como el señor Olmo es prácticamente inexistente por aquí.

Ese comentario despertó la curiosidad de Marisa. —¿Ah, sí? ¿Y cómo son los hombres de por aquí?

Elsa se encogió de hombros con resignación. —La mayoría son perezosos, mujeriegos y sin sentido de la responsabilidad familiar…

Marisa bromeó. —¿Si tuvieras la oportunidad, saldrías con un hombre de nuestro país?

A Elsa le brillaron los ojos. —El año que viene me trasladan para allá. Si se pudiera, ¿cree que usted podría presentarme a alguien, señora Olmo? Mis requisitos no son nada exigentes: con que tenga sentido de la responsabilidad, sea atento y un poco educado, me conformo.

Al oír a Elsa, a Marisa se le vino una persona a la mente.

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