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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 640

Marisa siempre había sido una persona prudente, un rasgo que parecía haber desarrollado desde muy joven. De camino al Grupo Cruz, no se olvidó de llamar a Gonzalo León.

—Señor León, ¿tiene un momento?

La llamada repentina de Marisa sorprendió a Gonzalo.

—¿Marisa? ¿Qué te trae a llamarme? Acabo de regresar a Clarosol después de un trabajo en Estados Unidos, así que tengo tiempo de sobra.

Gonzalo pensó que Marisa quería proponerle un encuentro.

Su entusiasmo hizo que Marisa se sintiera un poco apenada.

—Señor León, es que tengo aquí un acuerdo de inversión condicional. Ya lo revisó mi equipo de abogados y dicen que está bien, pero me gustaría que usted también le echara un vistazo.

—¡Por supuesto!

Marisa le tomó una foto al acuerdo con su celular y se lo envió a Gonzalo. Menos de tres minutos después, él le devolvió la llamada.

—¿Hay algún problema con el acuerdo? —preguntó Marisa, nerviosa. Confiaba plenamente en la pericia profesional de Gonzalo.

—El acuerdo no tiene ningún problema ni ambigüedad —afirmó Gonzalo con seguridad.

Sus palabras fueron un bálsamo para Marisa. Por fin podía estar tranquila.

—Qué bueno que no hay nada malo. Justo ahora voy de camino a firmarlo.

—Marisa, espera —dijo Gonzalo, algo preocupado—. ¿Por qué no vienes a mi oficina y vamos juntos? En este sector hay muchas trampas que la gente común desconoce. Pueden surgir problemas incluso en el momento de la firma. Para evitar cualquier inconveniente, sería mejor que te acompañara.

—Está bien, señor León. Envíeme su ubicación, voy a recogerlo ahora mismo.

Al señor León le encantaba el ajetreo, así que vivía en un enorme departamento en el centro de la ciudad. Marisa vio la ubicación y se dio cuenta de que no estaba lejos. Había pensado en acelerar, pero ahora veía que no sería necesario.

Cuando llegó al lugar que Gonzalo le había indicado, él ya la estaba esperando en la acera. Llevaba un maletín negro, un traje hecho a medida del mismo color y unos elegantes zapatos de piel de cocodrilo que brillaban con un lustre frío. Para rematar, llevaba unos lentes con armazón dorado. A primera vista, era la encarnación de un abogado de élite, con una presencia imponente.

Al ver el carro de Marisa, Gonzalo se quedó perplejo por un momento antes de acercarse y abrir la puerta.

—¿Te lo regaló el bueno de Rubén? —preguntó, enarcando una ceja.

Marisa sonrió con dulzura, asintió y bromeó:

—Señor León, pocas veces lo he visto tan formal. Al verlo hoy, entiendo por qué todos dicen que es el número uno del mundo legal en Clarosol.

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