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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 645

Esa última frase hizo que Macarena perdiera por completo el control de su expresión.

Lo fulminó con la mirada, con unos ojos afilados como cuchillos.

Marisa le dio un tirón a Gonzalo, indicándole que ya era suficiente.

No valía la pena enzarzarse en una batalla verbal con Macarena.

Marisa zanjó el tema y se puso de pie.

—Señorita Cruz, creo que ya no vamos a tomar nada. Hasta luego.

Se llevó a Gonzalo hacia la puerta.

Macarena, como si no pudiera soportar la humillación que acababa de sufrir, levantó la voz.

—Marisa, vas a perder todo lo que tienes ahora, todo lo que Rubén te ha dado.

Marisa frunció el ceño y se detuvo un instante.

Se dio la vuelta lentamente y la miró con firmeza.

—Lo único que puedes quitarme es lo que nunca fue mío. Lo que me pertenece, jamás podrás arrebatármelo.

Gonzalo también le lanzó una mirada fulminante a Macarena.

Mientras salían, murmuró:

—¡Qué mujer tan insoportable!

Salieron rápidamente, se dirigieron directamente al estacionamiento y encontraron su carro. No fue hasta que estuvieron dentro que Gonzalo habló.

—Marisa, parece que Macarena de verdad va a cenar con los señores Olmo.

Marisa frunció el ceño.

—Sí, Sofía también me lo dijo. La familia Cruz concertó una cena con los Olmo.

Gonzalo bromeó.

—Marisa, ¿no estás nerviosa? La cena es solo una excusa. Seguramente aprovecharán para hablar del antiguo compromiso matrimonial. Si la familia Cruz se pone muy insistente, la cosa se podría complicar.

Marisa negó con la cabeza.

—No estoy nada nerviosa.

No estaba fingiendo.

Realmente no sentía ni una pizca de nerviosismo.

—¡Otra vez no vienes!

—Sí —respondió Marisa con un suspiro—. Los señores Olmo regresaron a Clarosol.

Con esa simple frase, Fabiana entendió la situación y supo distinguir las prioridades.

—Está bien, tú atiende lo tuyo.

Colgó el teléfono.

Marisa miró primero la ventana de chat con Rubén.

Sospechaba que Rubén podría estar enojado porque iba a aparecer en un programa con Davis, y por eso no le contestaba.

«¿Tan ocupado estará?», pensó.

Tanto tiempo sin responder un solo mensaje.

Marisa respiró hondo y grabó un mensaje de voz.

—[Rubén, si de verdad no te gusta que salga en el programa, buscaré otra solución. ¡No te enojes en secreto por eso!]

Intentó que su tono de voz sonara lo más relajado y despreocupado posible.

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