Al otro lado de la línea, José tardó mucho en responder.
Tanto, que Marisa llegó a pensar que la señal era mala. Incluso revisó la pantalla de la llamada, pero no había ninguna advertencia de problemas de conexión.
—¿Hola, José? ¿Sigues ahí? —preguntó extrañada.
Finalmente, hubo una respuesta.
—Sí, aquí estoy, señora Olmo. Pero me temo que no puedo pasarle al señor Olmo. Justo ahora está en medio de la reunión.
Marisa podría haber insistido, exigiendo que Rubén atendiera su llamada incluso durante la reunión.
Pero siempre había sido comprensiva y no era de las que hacían ese tipo de berrinches.
Marisa bajó la mirada.
—Está bien, entonces. Oye, José, quería encargarte algo más. Cuando el señor Olmo termine, por favor, dile que si no está contento, puedo no participar en el programa.
Por supuesto, también le enviaría un mensaje a Rubén, pero temía que estuviera demasiado ocupado para verlo, por lo que prefirió que José se lo comunicara.
—Sí, claro, señora Olmo. En cuanto termine esta reunión, se lo diré.
—Gracias. Cuando termines, descansa. Buenas noches.
—Buenas noches, señora Olmo.
Tras colgar, Marisa no soltó el teléfono.
Después de pensarlo un poco, decidió llamar a Fabiana.
En ese momento, Fabiana estaba en un karaoke con los colegas de Jasmine después de cenar. Al recibir la llamada de Marisa, buscó un lugar más tranquilo, pensando que Marisa se uniría a ellos y ya se preparaba para enviarle la ubicación.
Conociendo a Marisa, sabía que no era de las que le pasaban sus responsabilidades a sus subordinados. Si había decidido no hacer algo que ya estaba confirmado, debía de tener una buena razón.
Marisa respiró suavemente. Desde el segundo piso, vio las luces de un carro parpadeando frente a la entrada de la residencia Olmo. Eran los señores Olmo que regresaban.
Se levantó y salió del estudio, sin dejar de hablar con Fabiana.
—Es por el señor Olmo. Creo que no le gustaría. Ya está muy ocupado con el trabajo, no puedo darle más disgustos. Así que te lo tengo que pedir a ti. Encontraré la forma de compensarte.
Fabiana respondió con generosidad y lealtad.
—¡Ay, no digas eso de compensar! En Jasmine, tú eres la jefa y yo la empleada. Todos queremos que a Jasmine le vaya bien. Además, el valor de Jasmine es mi valor. Me estás compensando a cada momento.
Las palabras de Fabiana tranquilizaron a Marisa.
Bajó rápidamente la escalera y esperó en la sala, escuchando el sonido del carro acercarse cada vez más, cada vez más...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
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Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...