A primera hora de la mañana.
Carlos estaba sentado a la mesa del comedor, leyendo el periódico.
Valentina, por su parte, arreglaba un ramo de flores.
Al ver a Marisa bajar, Valentina le sonrió con dulzura y se acercó a ella con un ramo de heliconias recién cortadas.
—Rubén me dijo que te gustan las heliconias. Pon estas flores en tu habitación. Acaban de llegar y están muy frescas.
Marisa tomó el ramo y el fresco aroma de las flores inundó sus sentidos.
Sofía, que estaba cerca, bromeó:
—La señora tiene mucha suerte. ¿Qué suegra le prepara flores frescas a su nuera? Seguramente solo en la familia Olmo.
Marisa se sintió envuelta en una cálida sensación.
Bajó la mirada y sonrió.
—Gracias, mamá.
Carlos dobló el periódico y lo dejó en una esquina de la mesa.
—Marisa, ya casi es el Año Nuevo, deberías ir a visitar a tu familia. Tu mamá y yo te hemos preparado algunas cosas para que les lleves. Considéralo un pequeño detalle de nuestra parte.
Marisa primero le entregó las heliconias a una de las empleadas y luego siguió a Valentina para sentarse a la mesa.
Valentina miró a Carlos.
—Primero desayunemos, y después hablamos de eso.
—Les agradezco mucho que se hayan molestado —dijo Marisa.
Sofía había preparado un desayuno típico de Clarosol, con todos los platillos favoritos de los señores Olmo.
—El sur es maravilloso en muchos aspectos, pero la comida no es lo nuestro —comentó Valentina.
Marisa aprovechó la oportunidad para sugerir:
—Mamá, ya que han vuelto a Clarosol, ¿por qué no se quedan un tiempo con papá para descansar? Podrían considerarlo como un respiro para su estómago.
De repente, Valentina se quedó en silencio.
Fue Carlos quien, con una ligera tos, la sacó de su ensimismamiento.
—¿Qué valiosas ni qué nada? Somos familia, no hay que andarse con esas formalidades.
Valentina intervino de inmediato.
—Son solo un detalle de nuestra parte. Lo de si son valiosas o no, no es lo importante. Lo que cuenta es la intención.
Marisa ya no pudo negarse.
—Entonces, les doy las gracias en su nombre.
Después del desayuno, los señores Olmo, que llevaban tiempo sin volver a Clarosol, tenían algunos compromisos sociales que atender.
Así que se marcharon de la residencia poco después.
En ese momento, Sofía se acercó para consolar a Marisa.
—Señora, hoy se despertó muy temprano. Seguro que no durmió bien. Es normal no dormir bien cuando se tienen preocupaciones. Pero no se angustie tanto. Mire cómo el señor y la señora la quieren. Piensan en todo, incluso en los detalles para su familia.
Marisa sonrió levemente. Sofía, que llevaba tanto tiempo trabajando para la familia Olmo, era sin duda más perceptiva que la mayoría.
Incluso se había dado cuenta de que no había dormido bien la noche anterior.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...