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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 652

Marisa respiró hondo. Su mirada, perdida, se posó en la elegante caja de regalo que descansaba sobre la mesita de centro.

—Sofía, en verdad no debería preocuparme por nada.

Sin embargo, un mal presentimiento la embargaba sin tregua. Era como una nube oscura que se cernía sobre ella, imposible de disipar, y que la hacía sentir terriblemente inquieta.

Pero Marisa no sabía explicar de dónde venía esa sensación.

En los últimos días, Marisa había adelantado casi todos los pendientes de Jasmine.

Ese día, tras una breve junta de fin de año, la galería anunció que cerraría por las fiestas.

Davis, que acababa de terminar la filmación de su programa, también disfrutaba de un merecido descanso.

Pasó por la galería justo cuando terminaba la junta, así que se acercó y le dijo a Marisa:

—Señorita Páez, vi su carro estacionado afuera. ¿Qué le parece si me da un aventón al aeropuerto?

Marisa bromeó:

—¿A poco el trotamundos ya quiere volver a casa?

Supuso que Davis iba a Terranova para pasar las fiestas. La mayoría de la gente de allá tenía las mismas costumbres.

Fabiana intervino con picardía:

—Mi carro también está afuera, ¿por qué no me pides a mí que te lleve? ¿O es que quieres aprovechar que el señor Olmo no está para bajarle la novia?

Marisa le lanzó una mirada discreta a Fabiana, pidiéndole que no se pasara con las bromas para no crear un ambiente incómodo. ¿Y si a Davis le molestaba?

Pero a Davis no pareció importarle en lo más mínimo. Se encogió de hombros.

—Pues ganas no me faltan, lo que no sé es si la señorita Páez me daría la oportunidad.

Marisa puso los ojos en blanco.

—Ya, dejen de bromear. Justo tengo que ir a mi casa, así que me queda de paso llevarte al aeropuerto.

Fabiana intuyó que algo no cuadraba.

—¿La residencia de los Olmo no está por el rumbo del aeropuerto, o sí? ¿Será que la señorita Páez le está dando una oportunidad al señor Mariscal a propósito?

Davis asintió. Su expresión era mucho más melancólica que de costumbre, perdiendo ese aire despreocupado que siempre tenía.

—¿Para qué volver a Terranova en mis únicas vacaciones? Me voy de viaje al norte de Europa. Ver la aurora boreal es mucho más interesante, ¿no crees?

Marisa sonrió.

—Claro. Si logras ver la aurora boreal, no te olvides de tomar muchas fotos para mí. Nunca la he visto.

—¡Señor Mariscal, este es el momento perfecto para invitar a la señorita Páez a que lo acompañe! —lo animó Fabiana.

Hasta Marisa pensó que Davis seguiría la broma de Fabiana.

Pero, en lugar de eso, él guardó silencio por un momento, sin decir nada.

Marisa, un poco avergonzada, le dio un codazo a Fabiana.

—Te dije que no bromearas así. Mira, ahora el silencio es súper incómodo.

—¿Y yo qué iba a saber? —dijo Fabiana, apenada—. El señor Mariscal siempre es tan relajado, no pensé que no fuera a seguir una broma tan simple. Ya, ya, fue mi culpa. No volveré a decir nada. —Tras decir esto, hizo un gesto como si se cerrara la boca con una cremallera.

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