Entrar Via

El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 716

La respuesta de Marisa tomó por sorpresa incluso a Mónica.

Ella pensaba que ese día le pondrían mil trabas, que tendría que pasar por un infierno antes de conseguir la firma en el divorcio. Pero, para su asombro, Marisa aceptó con una facilidad pasmosa.

A pesar de que Marisa tenía toda la razón para estar molesta, no aprovechó la oportunidad para exigir nada e incluso evitó que su acompañante la agrediera.

Mónica empezó a ver a la mujer frente a ella con otros ojos. Sabía de antemano que alguien capaz de llegar a ser la señora Olmo, aunque tuviera un origen sencillo, no podía ser una persona común y corriente. Seguramente tenía algo especial.

Mónica sacó los documentos del portafolio.

—El primero es el acuerdo de divorcio, el segundo es el acuerdo de transferencia de bienes, el tercero y el cuarto también son...

Era un bonche grueso de hojas tamaño carta. El divorcio estaba en la primera hoja; todo lo demás eran acuerdos de traspaso de propiedades. Básicamente, Marisa podía quedarse con tantos bienes como quisiera con solo firmar.

Mónica le extendió una pluma.

Marisa la tomó y, sosteniéndola en el aire, preguntó:

—¿Rubén hizo esto porque teme que rechace lo que me da, así que separó el divorcio de la división de bienes? Vaya que me conoce bien.

Sabrina se quedó boquiabierta ante la situación. Había visto divorcios con repartición de bienes, pero nunca uno tipo «autoservicio»: toma lo que quieras y fírmalo.

Aunque Sabrina quería que Marisa firmara todo ese montón de papeles de una vez, conocía demasiado bien a su hermana. No iba a aceptar nada de Rubén. Si fuera el tipo de persona que aceptara cosas, no habría salido de la mansión Olmo con una triste maleta negra.

En ese instante, Sabrina comprendió perfectamente a su hermana. Incluso le ayudó a aventar sobre la mesa todo el montón de papeles, excepto el del divorcio.

—Dile a Rubén que no quiero nada de lo que me da. ¿Cree que con esto va a eliminar su culpa? Imposible. Quiero que viva con la culpa toda su vida, quiero que el remordimiento lo persiga y que cada noche, en sus sueños, sepa perfectamente la clase de abuso que cometió.

Sabrina apretó los dientes y le levantó el pulgar a Marisa.

—¡Eso, Marisa! ¡Así se habla!

Marisa bajó la cabeza y estampó su firma con decisión en el acuerdo de divorcio. Al levantarse para irse, ni siquiera volteó atrás.

Mónica se quedó mirando la firma en el papel y la espalda de Marisa alejándose, sumida en sus pensamientos.

Marisa salió de la cafetería y caminó hasta su coche. Al llegar, las emociones que había estado conteniendo finalmente estallaron. Se apoyó con ambas manos en la puerta del auto, y su espalda comenzó a temblar.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló