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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 743

Hasta que, entre esa visión borrosa, apareció una silueta que le tendía un pañuelo.

—Límpiate las lágrimas.

Era César.

No se había ido.

Marisa bajó la cabeza, no quería que nadie la viera llorando de esa manera tan lamentable.

Tras tomar el pañuelo y secarse las lágrimas de los ojos, su visión se aclaró.

Sorbio por la nariz.

—¿No te habías ido?

César, con las manos en los bolsillos, asintió.

—Ya me iba, pero vi que llorabas muy feo y me dio miedo que te pasara algo, así que me quedé aquí a un lado.

—Lo siento...

—No tienes nada de qué disculparte. Mi vuelo se retrasó de todos modos, así que te acompaño a abordar y luego me voy.

César se sentó tranquilamente junto a Marisa y esperó hasta que anunciaron el abordaje de su vuelo. Solo entonces se levantó.

—Ya es hora de abordar.

Marisa reaccionó y se levantó a duras penas.

—Ah, sí, está bien.

Al verla tambalearse un poco, César le advirtió:

—Vas a ver a un amigo, pero primero tienes que cuidar tu cuerpo. En ese estado, me temo que no vas a aguantar hasta llegar a Zúrich.

Era, en efecto, un vuelo largo.

Marisa sacó fuerzas de flaqueza.

—Lo sé, me voy a cuidar, no te preocupes.

En su mirada fría había cierta firmeza.

¿Cómo iba a derrumbarse sin haber visto a Davis?

Esa determinación tranquilizó un poco a César.

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