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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 761

Davis entrecerró los ojos con fuerza.

—¿Qué? ¿Rubén? Este no es un lugar turístico; si no fuera por una enfermedad grave, nadie vendría desde tan lejos.

Marisa negó con la cabeza, con la mirada perdida.

—No vino desde tan lejos por una enfermedad propia, vino a visitar a su nueva novia que estudia en Zúrich. Resulta que ella se enfermó, por eso aparecieron en este hospital.

Esa explicación sonaba bastante lógica.

Davis pareció comprender de golpe.

—Conque era eso.

Espera. Davis volvió a entornar los ojos.

—No te ves bien. ¿Acaso ese patán de Rubén te hizo algo? Yo...

Mientras hablaba, Davis maniobró su silla de ruedas hacia la puerta.

Marisa se levantó rápido y le bloqueó el paso.

—Davis, estás más para allá que para acá y aun así quieres defenderme. ¡Eres el amigo más leal del mundo!

La silla de ruedas casi choca con Marisa, pero Davis frenó a tiempo.

—¡Pues claro! Cruzaste montañas y mares para verme, ¿voy a dejar que te traten mal en mi territorio?

¿Su territorio?

Marisa sintió repentina curiosidad e intentó preguntar:

—Davis, llevas tanto tiempo en este hospital, se supone que tienes contactos. Quiero saber qué tiene Mónica para haber venido aquí.

Davis arqueó una ceja.

Marisa no escuchó realmente lo que Davis mascullaba. Solo sentía que la luna de esa noche estaba muy, muy fría.

En el último piso.

En la penumbra apenas se distinguía la silueta de un hombre sentado en silencio en el sofá junto al ventanal.

La luz repentina del celular iluminó su perfil.

Como siempre, era una obra maestra de la creación.

Noble, firme, apuesto; en ese perfil se resaltaba todo sin duda alguna.

Solo que en una noche así, tan oscura y sin más luz que una luna fría, estaba envuelto en capas y capas de soledad.

El timbre sonó abruptamente en el silencio de la noche.

Rubén tomó el teléfono. Su mano de nudillos marcados deslizó suavemente la pantalla y contestó la llamada.

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